sábado, 6 de diciembre de 2014

Navidad en Tiempos de Duelo


¡Vive Diciembre!

Comienza diciembre, una época difícil para quienes hemos perdido a un ser querido. Es ahora donde necesitamos estar más cerca, pues para muchos será la primera navidad sin ellos, y para otros, otra navidad sin el (ella). Recuerden que el proceso del duelo no es un proceso de olvido sino de aprender a recordar sin dolor. Y recordar su sonrisa, sus gestos, ocurrencias, su risa, agranda nuestro corazón, lo expande. Pues aunque hoy no está con nosotros... está en nosotros.
No perdamos el significado de la navidad, brindemole uno nuevo, uno positivo, no le teman a esta fecha. En diciembre acostumbramos a mirar atrás, y evaluar el año que hemos vivido, encontraremos de todo: risas, lágrimas, triunfos, fracasos, cambios, nacimientos y también pérdidas y muerte. Se reafirma la ausencia de quien ya no está, confirmamos la falta de alguien en la familia, y al mirar hacia delante, un año nuevo, una nueva posibilidad de imponernos retos, metas y sueños; pero para muchos en duelo los proyectos de vida se detienen, cuesta recibir con alegría estas fechas, la angustia y tristeza nos visita de nuevo, o tal vez aún no se ha ido del todo. Pero la navidad significa vida, significa nacimiento, y tu ser querido aún vive dentro de ti, en tus recuerdos y en tu corazón. Nadie muere cuando se recuerda.
Hay que saber como enfrentar y asumir esta fecha, saber integrarla, es más hay que saber vivirla y vivirla en plenitud. Si no sucede, el próximo Diciembre nos plantearemos la misma cuestión. Así año tras año. No se aislen de los demás, si te aislas ¿qué pasa con el resto de la familia? ¿les vamos a privar de un momento que podemos vivir en unión, recordando y disfrutando en alegría la vida?. EL AMOR NO ES SOLO PARA LOS QUE MURIERON.
Recrear la navidad, asumirla, enfrentarla y vivirla es un paso importante para la elaboración del duelo. Celebra la vida - sana tus heridas - pese a nuestro dolor ¡Vivamos diciembre!.


martes, 14 de octubre de 2014

¿Qué aprendiste del Duelo?



Popularmente la gente te dice que de cada experiencia vivida positiva o negativa aprendes "algo", bueno o malo, aprendes a repetir o extinguir conductas pero indiferentemente no hay situación que no genere un aprendizaje; aunque esta regla universal, me parecía carente de significado en aquél momento, e incluso la percibía como absurda en un principio, al menos durante aquél momento cuando la muerte decidió llevarse a mi ser querido: ¿qué iba yo aprender de esto?, ¡nada bueno tenía!, ¡nada positivo que rescatar!, lo peor sucedía, y el dolor no parecía sanar.

Sentía profunda tristeza, ira, me enemiste con Dios durante un tiempo, era muy injusto todo lo que ocurría. Pero conforme te vas moviendo en tu duelo, conforme avanzas en tu proceso, te das cuenta que verdaderamente el duelo enseña algo... la muerte te acerca a la vida, la muerte paradójicamente te enseña a vivir.

Aprendes a ser más humano ante el dolor de otros, adquieres una actitud solidaria desde lo más auténtico de tu ser, la humildad te brinda una importante lección de vida y tu sensibilidad aumenta a un alto nivel; el duelo por un ser querido te enseña cuáles cosas en la vida son realmente valiosas. Descubres el poder del amor, la unión, la compañía, la amistad, el valor de una sonrisa y entiendes el profundo poder de los abrazos.
Piensas en lo que otras personas han podido sufrir con una pérdida, y te percatas de la cantidad de gente que sufre en el mundo, ya no eres ajeno a ese dolor, ahora lo entiendes, ahora también lo vives.

Restas valor a lo material, te desprendes fácilmente de lujos, el dinero y los bienes materiales carecen de importancia, eso no da felicidad y verdaderamente, pierden su valor ante la muerte. Te vuelves mucho más consciente de tu propia muerte (uno de los descubrimientos más reveladores quizás, puesto que aunque todos conocemos nuestra condición de finitud, vivimos como si no fuera nuestra verdad) recuerdas que tarde o temprano todos morimos y que el tiempo que verdaderamente vale es este, es hoy, es ahora. Aprendes a disfrutar y no dejar pasar por desapercibida cada oportunidad para comunicar lo que sientes por otro ser humano. 

Aprendes que no merece la pena enfadarse por pequeñas cosas, aprendes a no juzgar a nadie por sus actos, todos cargamos una dosis de dolor en nuestras vidas y buscamos de alguna manera comenzar a sanar; aunque a veces no tomemos las mejores decisiones. 

En el duelo recibes aunque para un cruel momento, un precioso regalo. Te das cuenta y reconoces desde el corazón a las personas que realmente te quieren y que se preocupan por tu bienestar. Aprendes a acercarte a Dios, confiando plenamente en su promesa, esperando pacientemente la alegría del reencuentro, pero sin olvidar vivir intensamente cada segundo de tu vida. La experiencia del duelo puede enseñarte a prepararte para morir viviendo una gran vida, también puede enseñarte la noble tarea de acompañar a otros que sufren y salir al paso del dolor ajeno por la pérdida de un ser querido. Como bien lo menciona José Carlos Bermejo: "Quiero pensar en el dolor sin negarlo, sin dulcificarlo, pero también sin reducirlo a una experiencia oscura y sin salida". Quizá con esta experiencia aprendí a practicar y entregar nuestra verdad más grande y hermosa: el amor. 

Sentir dolor después de una pérdida es normal e incluso esperado, te duele porque amaste. Tu dolor es una prueba de que estás viv@ y una señal de que tú eres capaz de reaccionar ante las distintas experiencias de la vida. Pero y tú qué decides hacer con tu dolor, ¿padecerlo y transformarlo?, o ¿evitarlo y nunca sanarlo?.

Yo decido hacer algo con él, decido transformarlo, utilizarlo para dar al otro, decido ayudar y dar a los demás y así he descubierto que se sufre menos, es decir, el dolor es el mismo por su puesto, pero se hace más liviano o tal vez... yo me vuelvo más fuerte.

¿Y tú que aprendiste de tu duelo?
¿Qué decides hacer con tu dolor? 


El siguiente vídeo, fue especialmente editado para ti, que al igual que yo, lloramos porque amamos.





















Referencias

Bermejo, J.C. (2013). Estoy en Duelo. 10 ed.  PPC: España.

martes, 22 de julio de 2014

Cicatrices



Todos coincidiríamos al pensar, que cada cicatriz relata una historia, cada cicatriz esconde las huellas de nuestro pasado; cada cicatriz cuenta una situación de dolor que ha cerrado, que ha cicatrizado… ya no duele como antes, pero indudablemente la herida fue tan profunda, que nos ha marcado para toda la vida.

Contamos con cicatrices perceptibles a la vista o tacto de las personas, pero también escondemos dentro de nosotros mismos cicatrices que no son visibles a simple vista. Cicatrices emocionales, de situaciones de duelo y pérdida, cicatrices que tal vez han provocado mucho más daño, y mucho más dolor en nuestra historia de vida que el dolor experimentado por una pierna rota. Cicatrices al cuerpo, o cicatrices al corazón, con diferentes formas y diferentes significados, e incluso diferente percepción del dolor.

Hay cicatrices provocadas por una caída de una bicicleta en nuestra infancia antes de conquistar el equilibrio, alguna seña en nuestro cuerpo que compruebe nuestra lucha y derrota a la varicela, un corte en la rodilla por rescatar a un animal en apuros, un raspón en la cabeza por jugar y disfrutar  con amigos, cicatrices dibujadas mientras nos encontrábamos creciendo y dominando habilidades para la vida. Cicatrices vividas bajo una marco de disfrute o satisfacción de logro.

A medida que crecemos, estamos expuestos a todo tipo de cicatrices. Podemos adquirir cicatrices  por nuestro primer corazón roto, y el segundo, y el tercero... ¿recuerdas tu primera desilusión amorosa? ¿cuánto pudo llegar a doler?. También existen cicatrices provocadas por un accidente, enfermedad, quemadura o alguna intervención médica.


En su existente variedad también encontramos cicatrices hermosas, cicatrices de germinación de vida, como la que deja una cesárea durante el parto. Alguna cicatriz en busca del bienestar de otro, al donar un riñón y convertirte en medio y esperanza de vida para otro ser humano, o una cicatriz que te recuerde eternamente la virtud del agradecimiento al recibir un órgano que reemplace nuestros tejidos dañados para seguir viviendo.

Existen cicatrices de corte emocional provocadas por la pérdida de una relación de pareja (divorcio/separación), o tal vez provocada por alguna palabra que te impactó negativamente en algún momento determinado de tu vida. Cicatrices de maltrato y desprecio, cicatrices de rechazo o burla, cicatrices que no provocaste, pero que recibiste. Cicatrices que provocaste y que evadiste. Sin olvidar mencionar que no sólo hemos sido víctimas, también hemos sido perpetradores y hemos causado cicatrices en otros (inconsciente o deliberadamente), pero también hemos dañado o lastimado a otros y ellos cargan en su disfraz nuestras cicatrices, nuestras marcas. Hemos sido marcados y hemos marcado, reflexiona acerca de esto: las marcas que has dejado en otros, ¿conllevan un impacto positivo o negativo en sus vidas?.

Lo cierto es, que estamos hechos de cicatrices no importa de qué tipo, las adquirimos desde que nacemos, es quizás nuestro ombligo la cicatriz más hermosa que todos poseemos... Todas y cada una de las cicatrices que vestimos, independientemente de su causa o razón, todas dolieron. Pero es tal vez más dolorosa la cicatriz que surge al perder, es esta la misma razón por la que todos hemos llegado a esta página… porque hemos perdido.

Una cicatriz por la pérdida de un ser querido, es la cicatriz más difícil de cicatrizar, de cerrar, de sanar y de superar. Enfatizando en la palabra la más difícil de cicatrizar, pero no por esto significa que no pueda llegar a sanar. Cada cicatriz en nuestra vida es una marca de crecimiento, cada pérdida (aunque parezca difícil comprenderlo), supone una ganancia, cada experiencia de dolor, trae consigo una lección de vida, cada experiencia lejos de contar con la intensión de la tan frecuente interrogante del ¿por qué?, nos invitan a reflexionar por la conciencia reveladora del ¿para qué?. Siéntete orgulloso (a), de cada cicatriz en tu corazón; cada una trae consigo una ganancia; incluso la muerte.

Tal vez sean las manos con más cicatrices las que saben con más suavidad acariciar. Suena ilógico pensar así (podrían re plantearse), pero lo cierto es, que bajo situaciones límite y de dolor es cuando descubrimos el auténtico sentido de la vida y el verdadero valor y significado de la palabra amor, amistad, compañía, gratitud y solidaridad...

Desde el punto de vista biologuista, una cicatriz tarda hasta dos años para regenerar adecuadamente el tejido dañado tras la herida; en el duelo es muy similar, la elaboración del duelo puede tardar hasta dos años encontrándose aún bajo criterios adecuados de sanación. La herida para sanar debe tener ciertos cuidados para así lograr cicatrizar: mantener limpia la zona afectada, aplicar solución salina, protegerla de bacterias o posibles infecciones, suturar incisión, entre otros cuidados médicos... así sucede también en el duelo, la persona necesita sanar su herida, limpiar ese dolor y durante el proceso puede experimentar negación, ira, tristeza, desesperanza, y poco a poco poder llegar a negociar con la realidad y asimilar lo ocurrido, hasta lograr aceptar la ausencia física de su ser querido. Pero aceptar la ausencia no es olvidar, aceptar es aprender a vivir con la cicatriz.

Algunas personas comentan que en ocasiones, mirar la cicatriz duele más que la misma herida (y puede que tengan mucha razón), ¿cuántas veces por centrarnos sólo y exclusivamente en esa experiencia de dolor, nos olvidamos de que seguimos vivos?, ¿cuántas veces reflexionamos acerca de la presencia de otros seres que también amamos y que continúan aún con nosotros? - toma tu tiempo y reflexiona - ¿cuánto tiempo miras tus cicatrices?, y con  mucha más vehemencia cuestionate: ¿con qué sentido las miro, cuál es mi verdadera propósito? lo hacemos con la intensión de no olvidar los aprendizajes obtenidos y agradecer su aporte y crecimiento en nuestras vidas, o las miramos con la intensión de auto propiciarnos todavía más dolor y más sufrimiento.

-“Déjame sanar las heridas del cuerpo, que las del corazón no se iran” le decía un hombre a su terapeuta.
- A lo que el terapeuta responde: Las heridas de tu corazón no se irán si no decides trabajarlas, para sanar debemos sangrar, la herida necesita sangre coagulada en su superficie para comenzar a cicatrizar, para elaborar el duelo sólo existe un camino, debemos atravesar el dolor, atravesarlo pero no quedarnos a vivir en él; las cicatrices en tu cuerpo, en tu alma y en tu corazón, demuestran lo que has pasado, lo que has vivido y lo que has sufrido, más no logran detallar con exactitud ¿cuánto te ha dolido?, ese dato sólo lo conoces tú…

"Cada herida deja una cicatriz, que tiene una historia y que te recuerda todos los días que sobreviviste" (M.Marín). 
Las cicatrices brindan también un segundo mensaje, no sólo demuestran nuestra historia, demuestran también lo fuerte que hemos sido para sanar, cerrar, cicatrizar y seguir adelante; una cicatriz demuestra no sólo tu dolor o padecimiento, una cicatriz demuestra también tu fortaleza.

Independientemente del tamaño, color, dimensión o profundidad de nuestra cicatriz, depende de nosotros cerrarlas o dejarlas sangrar. ¿Dejará de doler? - no en su totalidad, pero no con la misma intensidad de su inicio.
Durante el proceso de cicatrización de una herida, esta dejará una marca, un rastro de que fue real, una seña de que si ocurrió, que forma parte de tu historia y que aunque dolió, fuiste más fuerte que aquello que te hirió. Al final de cuentas, las cicatrices son pruebas de que has vivido, nos duele porque estamos vivos.

¿Qué tan grande es tu herida hoy?, no importa que tan extensa o profunda sea tu herida, ¡puedes llegar a sanar!, no cubras tu herida con una banda, eso no la curara, sola la cubrirá a la vista de todos e incluso de tu propia vista, el suponer que no ocurrió no lo hace cierto, estar en duelo es conectarse con el dolor que nos causa la pérdida no huir de él.

El dolor también tiene sus marcas, pero seguido a la cicatrización deviene el crecimiento, y de cada marca en nuestro cuerpo algo hemos aprendido o algo hemos recordado. No escondas tus cicatrices ni con ellas la belleza detrás de su historia; tu esfuerzo, tu voluntad, tu valentía, tu coraje no debe permanecer oculto… una cicatriz significa, "No me deje derrotar". Debemos llevar nuestras cicatrices como símbolo de identidad, al final de cuentas “ellas me hicieron quien soy”.

Algunas personas sienten vergüenza de sus cicatrices, las perciben feas y les da pena mostrarlas a otros; otros en cambio, con orgullo las portan por el significado de su historia en la vida propia o de alguien más. Quién posee numerosas cicatrices en su cuerpo o corazón, sabrá entender a otro ser humano a quién su herida aun no cicatrizó. Como un niño que observaba a un hombre con una gran cicatriz en su rostro y colocando sus manos sobre las del hombre, le pregunto: - ¿quién te provoco esa cicatriz?, el hombre sorprendido al no percibir temor por parte del niño, le contestó:-la vida - el niño confundido cuestionó, - ¿ella te hizo esa cicatriz?, - No, respondió con paciencia aquel hombre, - la cicatriz me la hizo el tiempo, ella sólo me provocó la herida (Víctor de la Hoz).

Una cicatriz es una marca de crecimiento personal, un símbolo de lucha, de atreverse a vencer el dolor, de atravesarlo; una cicatriz es una historia vencida, sin embargo al dejar marca, sabemos y entendemos que la pérdida se supera pero nunca se olvida

Las cicatrices nos muestran donde hemos estado... mira dentro de mis cicatrices y podrás comprender mi historia...






domingo, 25 de mayo de 2014

Bajo la misma Estrella

“- Mira al cielo, ¿ves todas esas estrellas? - le pregunta una madre a su hijo
-Sí las veo - responde el niño.
- Pues algunas dejaron de brillar hace mucho tiempo – contesta la madre
- Entonces mamá… ¿Están muertas?
- Sí, podría decirse que sí, pero alguna vez brillaron tanto y  fueron tan fuertes,  que su energía sigue en el espacio y las seguimos viendo en el firmamento… Sabes hijo, lo mismo ocurre con las personas: Hay personas tan grandes, tan importantes y tan valiosas para otros, que aunque hayan muerto, siempre continúan brillando en nuestros corazones.
- El niño pensativo mirando al cielo, susurra para sí: Abuelo, tu eres mi estrella favorita”




Este escrito está dedicado a ti que lloras porque amas; he titulado este escrito bajo la misma estrella, por una única razón; todo ser humano no está exento a perder  a otro ser humano (unos más pronto que otros), pero todos estamos destinados a partir o mirar partir a nuestros seres queridos, o les duele o nos duele, pero no somos ajenos al dolor. La cruel despedida independientemente por la causa que haya sido, deja un vacío o un sentido de abandono.  La muerte de quienes amamos nos pone irremediablemente ante el misterio de la vida. La muerte y las situaciones límite, nos forman a todos filósofos, y grandes pensadores; el vacío nos invita a reflexionar sobre el sentido último de la vida… el dolor en total dimensión y profundidad que esta palabra alcanza,  posee la noble tarea de humanizar.

Entonces diríamos que el duelo es el precio del amor, nos duele por que amamos. Estar en duelo representa un indicador de sentimientos de amor y apego por su maravillosa existencia. Es paradójico, incluso difícil de entender cuando recién nos enfrentamos a estas situaciones de dolor; pero la muerte tarde o temprano, nos enseña a vivir.

Algunas personas acostumbran recetar tiempo para sanar o curar las heridas que provoca el dolor de la despedida. “No es que el tiempo todo lo cure, pero nuestro corazón si vive de manera distinta los diferentes momentos” (Bermejo, 2005). Por lo que podemos deducir, que al final de cuentas, el tiempo resulta ser un buen compañero de vida, como bien lo menciona Bermejo en su libro “Estoy en Duelo”:

Puedes elegir esconder, privatizar o negar tu dolor, o por el contrario, lo socializas, lo compartes, lo expresas y lo aprovechas para la búsqueda del sentido de vivir. No es lo mismo perder a un hijo que perder a un padre, aunque en todos los casos “el dolor duele”.

Deseo que quienes pretendan pronunciar alguna palabra de aliento a quien cultiva el recuerdo de un ser querido en su mente y corazón, encuentren más inspiración en la escucha que en el deseo de consolar. Que dediquen cuando sea necesario el tiempo para exclusivamente escuchar.
Acompañar, escuchar, abrazar, recordar y ayudar en el duelo con la intensión de reinstalar dentro de sí mismos a los seres queridos, brindándoles una presencia interna, y con esto poseer  todo el brillo y encanto de una estrella.

Deseo que todo profesional que se dedique a la hermosa tarea de acompañar, posea la profunda quietud amorosa para realizar su tarea con especial sabiduría del corazón a quienes, (incluyéndome en la lista), sufrimos al perder. Como terapeuta, pero en primer lugar como sobreviviente al dolor por la pérdida de un ser querido, decidí formular estas palabras cuando una noche en silencio miraba al cielo eligiendo la estrella más bella; enseguida observé como otra persona elegía la misma, era la estrella más brillante y la más hermosa en aquel firmamento, no podía poseerla sólo para mí o pagar derecho de exclusividad (aunque así lo quisiera), fue cuando entendí que no importaba mirar y soñar con la misma estrella si la ruta, destino y significado eran nuestros seres queridos. En nuestro corazón la representación era distinta;  en mi corazón la estrella representaba la alegría por la vida y la esperanza del reencuentro con mi hermano y para la otra persona a mi lado, significo la guía y orientación de su padre… todo bajo una misma estrella.

Creo y he vivido fielmente, la sorprendente capacidad que posee el ser humano para superarse y aprender a amar de nuevo la vida. “Quiero pensar en el dolor sin negarlo, sin dulcificarlo, pero también sin reducirlo a una experiencia oscura y sin salida” (Bermejo, 2005). Vivir con ellos de otra manera, seguir amando, seguir disfrutando y seguir recordando. “Algunas veces nuestra luz se apaga y es reavivada por la chispa de otra persona. Cada uno de nosotros tiene un motivo para pensar con profunda gratitud por aquellos que han encendido esa flama dentro de nosotros” (Albert Schweitzer)

Aceptar este principio de vida y muerte, nos invitan a vivir cada relación con más intensidad; a decir y demostrar tantos te quiero como debemos, a vivir a plenitud y apreciar el gran valor de la calidez de un hogar en unión de sus miembros, del abrazo sincero, de la sonrisa amable y de un TE QUIERO.

Aprendemos a observar como las banalidades del mundo (dinero, lujos, fama y poder) pierden su valor y efecto al borde de la muerte, y son los pequeños grandes momentos quienes recobran un invaluable valor. En mi cielo siempre brillará una estrella, ¿cuánta luz hay en tu cielo?

Comenta la Dra. Elizabeth Kubler Ross: "Las personas son como los vitrales. Brillan cuando el sol está afuera, pero cuando la noche se instala, su verdadera belleza se revela sólo si hay una luz desde dentro".
Lo cierto es que no podemos dar una fórmula exacta o acciones concretas para superar un duelo, cada quién tiene su tiempo y marcha a su propio ritmo, y no a todos les funcionan las mismas cosas. Sin embargo, podemos brindar algunas recomendaciones que puedan acompañar tu proceso. 

  1. Date permiso para estar en duelo, no lo evadas, no lo reprimas, esconderlo por un tiempo solo ocasionará que se manifieste tiempo después, y el apoyo de la gente lo tienes ahora.
  2.  Date permiso para sentir dentro de ti el dolor, no detengas tus emociones, déjalas salir.
  3. Date tiempo y el espacio que consideres necesario para disponerte a sanar, tendremos días buenos, y días no tan buenos, habrán recaídas, sé amable, compresivo y generoso contigo mismo, trátate con profundo amor.
  4.  Sé paciente contigo mismo, aunque las emociones que vives y experimentas hoy, son intensas, recuerda que son emociones pasajeras y aunque parezca que han hecho casa en ti, algún día deben partir.
  5.  Aplaza las decisiones importantes, no es conveniente decidir mientras no hayas elaborado adecuadamente la pérdida.
  6.   No descuides tu salud, aliméntate y duerme bien, cuida tu cuerpo.
  7.   No te auto mediques, si tomas algún tranquilizante o medicamente específico que sea bajo prescripción médica únicamente. Tomar medicamentos para “no sentir” pueden cronificar el duelo. No existe anestesia contra las emociones, la única manera de superarlas es atravesándolas.
  8.  Busca y acepta el apoyo de otros.
  9.   Date permiso para descansar disfrutar y divertirte, lo ilustro mejor con la siguiente frase: “Que mi recuerdo no maten tus futuras alegrías, pero que tus futuras alegrías no maten mi recuerdo”
  10.  Confía en tus propios recursos para salir adelante, puedes hacerlo.


Quisiera concluir mi escrito con la siguiente frase:

 “Me pregunto si las estrellas se iluminan, con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya”  El Principito


Que la estrella más linda del cielo cuide de ti. Un cálido abrazo.



Bibliografía

J, Bemejo. (2015). Estoy en Duelo. 10 ed. Madrid: PPC

viernes, 21 de marzo de 2014

Estrellas Fugaces



En algún momento en su experiencia de vida, tal vez ha tenido la dicha de mirar al cielo y observar a una estrella fugaz. Si bien su explicación científica y racional,  supone que no son estrellas  y se definen como rocas encendidas por el roce gravitacional de la capa terrestre contra su superficie. Popularmente se les ha denominado estrellas fugaces, y a mi criterio me gusta mucho más esta mágica interpretación; cuando era niña, me decían que el fenómeno sucedía cuando entonces una estrella había muerto. Ver una estrella caer a mi percepción a tan temprana edad, era un suceso hermoso, incluso romántico, pocos segundos son suficientes para darte cuenta, que su luz nunca había sido tan bella como la que enciende al final de su vida.

Al reflexionar acerca de la muerte de una estrella, tornaba triste mi semblante, inmediatamente después de mirarla pasar con asombro e ilusión, su  luz era hermosa, pero duraba tan poco tiempo su trayectoria.
He titulado mi escrito estrellas fugaces, en honor a los hijos que se han despido de manera fugaz de este mundo, porque la luz proyectada durante su existencia ha sido hermosa, pero su  trayectoria muy corta. Este un espacio dedicado especialmente para sus padres quienes han vivido la despedida de una estrella y han visto alejarse la luz de sus vidas.

Creo importante destacar que no he vivido en mi experiencia personal la pérdida de un hijo, pero he vivido y observado la pérdida que mi madre sufrió al despedir a nuestra estrella fugaz (mi hermano). No es lo mismo, lo sé, son dolores distintos, en una misma sintonía, frecuencia y compatibilidad en el tiempo, pero el sentir de perder a un hijo vrs el sentir de perder a un hermano, es muy distinto. Tal vez lo que yo logro interpretar como su dolor, no sea la magnitud exacta, tal vez y me quedo corta, pero suyos  son todos mis esfuerzos por intentar comprender y entender, las implicaciones emocionales experimentadas al perder a un hijo (a).

Me gustaría mostrar con esto mi apoyo incondicional a todo padre y a toda madre que ha vivido la dolorosa experiencia de despedir una estrella. De una u otra manera espero mi escrito les sea de ayuda para seguir adelante en este difícil camino de dolor, denominado duelo.

Día a día, padres y madres despiertan preguntándose ¿cómo seguir adelante a pesar del dolor experimentado por la muerte de su hijo (a)?  A diario te preguntas ¿Cómo seguir viviendo cuando una parte de ti se ha marchado tan pronto? Sobrevives al tiempo, a las situaciones,  sobrevives al trabajo, a la familia, a las relaciones, y de manera casi automática sin ser consciente del paso del tiempo, sobrevives a la vida. Alguna vez leí que la muerte de un hijo no es un acontecimiento, es un camino indescriptible de supervivencia.

Cuando pierdes a un hijo (a), la vida parece haber perdido en su totalidad, el sentido para ser vivida; todo a su alrededor pierde la magia y el color; lo que antes pudo estallar en una carcajada para ti, hoy no alcanza ni para hacerte sonreír. Perder a un hijo (a) es perder  una parte de ti, que vino de ti, que vivió en ti… perder a un hijo (a) es perder gran parte de tu vida.

Lo cierto, es que este escrito no debía de haber existido, porque nadie debería de conocer el dolor de perder a un hijo (a). No parece natural que los padres despidan a sus hijos, no es el ciclo de vida que esperamos para los nuestros. “La muerte de un hijo es considerada en todas las culturas un hecho antinatural, una inversión del ciclo biológico normal, y por eso racional y emocionalmente inadmisible. Es clásico mencionar que ni siquiera existe una palabra, equivalente a huérfano o viudo, que nombre a los que penan a un hijo (a) muerto. Nombrar, desde el punto de vista simbólico del lenguaje es sinónimo de tener control sobre lo nombrado, la falta de vocablo quizás sea la máxima demostración de que este dolor es incontrolable, inimaginable y que está absolutamente fuera de todo control” (J. Bucay, s.f.).

Al comenzar a caminar como diría J. Bucay el camino de las lágrimas, descubres que nunca  nos habríamos podido preparar para los sentimientos experimentados tras una perdida, y mucho menos si esa pérdida se trata de un hijo (a); aunque  nos consolamos con la idea de que siempre habrá, un pedacito de cielo en nuestro hogar.

Deseo dar a conocer la experiencia de un padre, quién ha escrito unas palabras tituladas: el dolor sólo se supera con amor (al final del documento adjunto el link, en caso de que deseen leer el escrito completo), detallo las frases que más impacto generaron en mí, por su capacidad de reevaluar su experiencia de dolor, encontrando un significado de vida. Destaco de su escrito cuatro hermosos y valiosos párrafos, espero encuentren en ellos como yo, la riqueza que sus palabras encierran:

“En estos últimos meses he aprendido a llorar, a sentirme mal; he aprendido que el dolor es tan fuerte que lo notas en el pecho, junto al corazón, que apenas te deja respirar. He aprendido a recordar momentos a los que en su día no les dí más importancia pero ahora recobran su auténtico valor. 
También sé que los recuerdos son como los vamos construyendo y que igual se alejan poco a poco de la realidad, pero seguirán siendo mis recuerdos y mi verdad.
Como si fuera un libro de sentencias, recuerdo sus frases y descubro la sabiduría que encierran. Y yo que pensaba que éramos los padres los que enseñábamos a los hijos; hoy sé que no es así, que nosotros les educamos y ellos nos educan a nosotros también, nos van enseñando a mirar la vida de una manera diferente, sin tanto prejuicio, con la mente mucho más abierta.
Pero lo más importante que he aprendido es que el dolor no se supera con más dolor, ni con odio, ni con angustia, ni con apatía, ni con cerrar los ojos y dejar de mirar. Sólo hay una cosa que te ayuda a superar el dolor y esa cosa es el amor. Ahora sé que amo mucho más que antes”.

El duelo por la pérdida de un hijo (a), no llega a sanar del todo un corazón, pero mejora la frecuencia, la intensidad de las emociones experimentadas en el duelo. Lo que sucede es que aprendemos a vivir  con ellos de otra manera. “El dolor sólo se supera con amor”; de manera breve comparto una pequeña metáfora, que ilustra las sabias palabras de este padre de la mejor manera:

-“Un médico sabio dijo una vez, la mejor medicina es el amor y los cuidados”,
-Entonces, alguien le pregunto: ¿y si no funciona?,
-Él médico sonrió y contesto: “aumenta la dosis.”.

Recordemos que el AMOR es la única medicina que cura en forma milagrosa a todo ser viviente. Cuando alguien está atravesando un momento difícil, por lo general nuestro instinto es querer darle la solución que a nosotros nos ha ayudado. Lo cierto es que no podemos dar una fórmula exacta o acciones concretas para superar un duelo, cada quién tiene su tiempo y no a todos les funcionan las mismas cosas.  Si bien es un atributo positivo querer asistir a otros, parte de nuestra propia transformación es volvernos más sensibles para saber cuándo es momento para dar un consejo, o cuándo es mejor guardar silencio y escuchar.

Una madre sobreviviente al dolor por la pérdida de su bebé, escribió en un blog una carta titulada: Querido Duelo (adjunto link al final del documento para quienes deseen profundizar en tan hermoso escrito), destaco de estas  sentidas palabras lo siguiente:

“Querido duelo, nunca te permitiría que hagas de mi bebé lo peor que me pasó. Ella no merece tener una mamá sombría, ella no merece ser recordada entre un mar de lágrimas. Porque mi hija, es lo MEJOR, que me pasó en la vida, por eso hoy, le regalo una madre fuerte, que sonríe con calma y paz al pensarla, que la puede traer de nuevo a la vida, todos los días al recordarla”.

Al perder a una estrella, experimentas un profundo e indescriptible  dolor, una luz en ti se apaga, una luz murió. “El dolor de los que hemos perdido a un ser querido es incomparable, intransferible y, aunque intentemos expresarlo de todas las formas posibles, siempre nos quedaremos con la sensación de que las palabras no llegan, no alcanza, no bastan. En realidad es así: una expresión verbal jamás tendrá la profundidad de todos nuestros sentimientos; tendríamos que inventarnos palabras nuevas para esa situación totalmente nueva que nos está desgarrando por dentro” (Angie Carmelo, Déjame Llorar). Sin embargo la capacidad que posee el ser humano para sobre ponerse al dolor, superarse y aprender a amar la vida de nuevo, es sorprendente.

Con el tiempo, te percatas que aunque su presencia física ha dejado de existir, el amor trasciende la muerte, y en tu corazón, en tus recuerdos, tu ser querido comienza a vivir. Te percatas que ha vuelto a ti, que se ha quedado muy dentro, allí en tu corazón y es donde entonces revelas que nunca se fue del todo, que solamente te acompaña de una manera distinta. Ahí dentro de ti,  hizo su casa, tal como la primera vez, pues desde su concepción, ten presente que tú siempre fuiste su casa. Ellos viven en ti, en tu mente, en tus recuerdos, en tu llanto, en tu risa, en tu mirada, en tus gestos, pero más aún en tu corazón… esa es la habitación preferida de tu cuerpo (su casa, su verdadero hogar).

Maribel, mamá de un ángel en el cielo, comenta un artículo en la web titulado: La pérdida de un hijo, el amor incondicional. En su comentario describe con sus propias palabras un suceso maravilloso, de indescriptible valor que no puedo ni debo pasar por alto de compartir:

“Me di cuenta que la muerte ya no importa, no me aleja tanto de ti como temía cuando te perdí; es cierto, mis ilusiones ya no son las mismas, ni mi sonrisa, ni mi forma de ver el mundo. Pero su recuerdo me da la fuerza para manifestar las cosas que realmente son importantes, para transmitir que es mejor amar lo que haces y encontrarle el lado positivo a lo que te encuentras en tu camino. A buscar un día a día mucho más limpio”.

Me parece importante enriquecer mi escrito con experiencias reales de trasformación y crecimiento vividas por madres y padres quienes miraron su estrella fugaz - pasar. Me complace compartir la experiencia del matrimonio de Julie, quién perdió su bebé a unas pocos días antes de nacer.

“Mi esposo y yo somos desde este día, personas muy diferentes, vemos la vida muy distinta. Aún sufrimos, pero entendimos que el dolor no se irá, pues vivimos la experiencia más dolorosa que se puede vivir en este mundo: el perder a un hijo; pero estamos aprendiendo a vivir con el dolor.
Es un ángel que Dios nos mandó para que lo criáramos esos 9 meses con amor infinito - como el que le dimos, y fuera un ángel muy bien preparado, y sabemos que con nuestro hijo a lado de Dios, el cielo es más cielo”

Como bien lo menciona, Elisabeth Kubler – Ross (escritora y pionera especialista en el tema de duelo y pérdida), es muy difícil aprender a volver a tomar parte activa en la vida cuando perdemos a alguien a quien amamos. Pero únicamente eso, dará un sentido a la muerte de nuestro ser querido.
Concluyendo mi escrito me dirijo a todo padre y madre que se encuentre atravesando una experiencia de dolor tan marcada como la pérdida de un hijo (a). Y desde mi ser con amor y profundo respeto les envió un abrazo fuerte y cálido; recuerden no están solos, solo les acompañan de una manera distinta. Espero este escrito haya sido de su agrado, mi intención no era repetir lo que la teorías o investigaciones científicas dictan acerca de las reacciones experimentadas, mi verdadera intención es mostrarles las verdaderas emociones que padres y madres en diferentes partes del mundo manifiestan al despedir a una estrella y cómo a pesar de su dolor, deciden continuar. Un aplauso para todos estos guerreros y guerreras, sobrevivir al dolor día con día y encender el amor por la vida, es de valientes.

Finalmente me despido con una hermosa frase:

“Yo también he mirado al cielo, buscando su sonrisa. 
Yo también he esperado una gota de lluvia que me anuncie que ellos siguen ahí.
 
Yo también sobrevivo a esa sensación, a ese dolor, a ese vacío.
 
Yo, al igual que tú, tengo un ángel que desde el cielo, no deja de rezar por mí
(Anónimo).




PD: consulten nuestra referencias bibliográficas, pueden ser un buen acompañamiento.


Referencias

María Cecilia (2013). Querido Duelo, Blog Mirar al Cielo. 
Recuperado de: http://miraralcielo.net/2013/08/24/querido-duelo/

M, Sariñena. (2013). La pérdida de un hijo, el amor incondicional. Artmemori. 
Recuperado de:  http://ayudaenduelo.artmemori.com/la-perdida-de-un-hijo-el-amor-incondicional/

Julie (2014). El cielo es más cielo, Blog Mirara al Cielo. 
Recuperado de: http://miraralcielo.net/2014/02/17/comparte-el-cielo-es-mas-cielo/

Meli. (2013). El dolor sólo se supera con amor. Centro de atención al duelo. 
Recuperado de: http://www.comoafrontarlamuertedeunhijo.es/index.php/diciembre-2012/testimonio-de-un-padre-en-el-cuarto-aniversario-de-la-perdida-de-su-hijo

J, Bucay. (s.f.). La pérdida de un hijo. 
Recuperado de: http://www.luzdelalma.jetband.com.ar/revista29/pagina2.htm


domingo, 16 de febrero de 2014

Reseña de Nuestro Nacimiento

Reseña de Nuestro Nacimiento

16 de noviembre de 2013 a la(s) 17:07
Muchos de nuestros seguidores podrán plantearse la siguiente pregunta ¿Cómo nació Creciendo a través del Duelo?... la respuesta, no es simple; pues nuestro nacimiento deviene de la muerte, de la pérdida... de un duelo.

Relatamos una pequeña reseña del motivo principal y la fuente de inspiración de nuestra fundadora para nuestro nacimiento:

"Como fundadora de Creciendo a través del Duelo, quiero regresar un par de años atrás, a mi formación como terapeuta y en mi entrenamiento en mi carrera profesional; en aquel entonces hace un poco más de 3 años atrás, poseía (y poseo) gran afinidad al tema de cuidados paliativos, enfermedades crónicas y cáncer, soñando con una vida laboral y especialización profesional en esta disciplin;, siendo muy consciente que al trabajar en estos temas en particular, es completamente esperado enfrentarse también con la muerte. Pero entonces, a la muere la entendia y comprendia desde un punto de vista distinto, algo cientifico y ajeno a mi experiencia de vida. Hasta que la misma vida se encargo de brindarme la lección y el profundo aprendizaje a cerca del significado de la muerte, la pérdida, el duelo y también (aunque no le creia asi en su momento), me permitio redefinir un nuevo y más valioso significado acerca de la vida.

Agosto 2012, tras la pérdida de mi hermano mayor, tras conocer el rostro del dolor, tras sentir enojo, tirsteza y desesperanza, tras mirar el mundo desde otros ojos, entendí todo muy distinto... mi mundo cambio y nunca volvera a ser el mismo de antes (Admito que fue muy dificil aceptar esta realidad). Falta alguien importante en mi vida, falta con quien creci, falta mi compañero de juegos, falta alguien más con quien pelear, con quien soñar, con quien reir o  tal vez con quien llorar. Hasta que un dia comprendi que aunque me hacia mucha falta aún; pese a no mirarlo, sucedía algo extraño... lo seguia sintiendo. Entonces descubrí que vivia en mi, en mis pensamientos, en mis recuerdos, en mis sueños al dormir, en mi infancia, adolescencia, y en mi vida adulta - todos los días; por que como bien dice Goldenberg: "cuando nuestros seres amados parten, pasan de vivir con nosotros, a vivir en nosotros" y eso para mí lo hizo eterno y eso a mí me hizo sonreír.

Aprendí también que para curar mis heridas, necesitaba el valor de enfrentarlas y entonces en ese camino llamado DUELO, descubrí tantas cosas que antes desconocia o no admitia, fui consciente de la finitud de la vida, de mi propia vida, del tiempo realmente vivido y disfrutado con mis seres queridos, de las metas alcanzadas y de los sueños desechos y entendi que al final es lo único queimporta, lo único realmente valioso acerca de la vida es el tiempo compartido con tus seres queridos, las navidades, los cumpleaños, el año nuevo, lo que sea, por el motivo que sea, aprendes a apreciar muchisimo más el tiempo que les entregas y el tiempo que te entregan y es entonces cuando nos sentimos realmente vivos, tras una lagrima, una carcajada sonora, un abrazo, una sonrisa, un te quiero, un te amo.

Me conecte con la vida, meditando acerca de tantas cosas pasadas, sueños olvidados, daños provocados y tambien recibidos. Metas por cumplir, momentos por vivir, lugares por conocer, personas a quienes amar, cosas que olvidar. Logré entonces,  visualizar el Duelo como una transformación, una oportunidad de crecimiento, de ser mejores personas, una oportunidad para vivir de nuevo.  Me ocupé de leer muchisimos libros de autoayuda, luego comence siendo más selectiva entendiendo el dolor de otros a través de mi experia de dolor, ya lo sentia, ya lo comprendia. Segui instruyendome, trabajandome interiormente, sanando, cosechando y aún sin saberlo Creciendo a través del Duelo. Y pensé a pesar de lo ocurrido ahora soy mejor persona, más sencible, más cálida, más humana y a pesar de lo vivido: es bueno estar vivo y vivir la vida sea cual sea.

Fue en ese preciso momento que nacio en mi el deseo por que otros encaminen su proceso de transformacion, por que no se detengan, por que no se dejen abatir, por que se pemitan vivir, que logrén utilizar la adversidad como un eslabon de crecimiento personal y espiritual, por lograr conservar el recuerdo de su ser querido en un lugar especial dentro si, donde recordarlo te invite a sonreir, donde su compañia te permita seguir. Así nació el motor que mueve nuestra página, así se mantienen encendida nuestra luz, comenzo con muerte y se transformo en vida".


Los invitamos a Crecer a través del Duelo, los acompañamos en su dolor e incentivamos su transformación.

... Y justo cuando la ORUGA pensó que era su final,se transformó en MARIPOSA


domingo, 9 de febrero de 2014

¿Con cuántas lágrimas sana el corazón?

Así comienza el título de la carta de una madre, refiriéndose al dolor experimentado tras la pérdida de su hijo, agradezco a Lisbeth Serrano por compartir su escrito en el blog de Mirar al Cielo.

Tan sólo pocos minutos después de meditar esta pregunta, provoco en mí  el deseo por intentar contestarla, por buscar una respuesta válida y esperanzadora para todo doliente.

-“¿Con cuántas lágrimas sana el corazón?”-


Rápidamente repase una y otra vez la pregunta, llamando particularmente mi atención la frase de inicio: “¿CON CUÁNTAS LAGRIMAS?”, de inmediato pensé: la respuesta debe ser un número, una cifra exacta o proxima… los seres humanos buscamos siempre parámetros de medición que nos permita explicar en tiempos establecidos el inicio y término de una situación. Por lo que pienso contestar a esta pregunta más adelante en los mismos términos numéricos en que fue formulada.


Deseo ante todo comentar de manera breve el impacto que esta pregunta género en mi historia de vida; al reflexionar sobre ella recordé mi propia experiencia de duelo (la muerte de mi hermano), reflexione que las lágrimas resultaron buenas aliadas en ese momento, son reparadoras y poseen un poder curativo sorprendente; ayudan a sanar el alma cuando la descarga emocional es grande y resulta irreprimible (llorar es un alivio y un consuelo incomparable).

Liberar tus emociones es salud mental; limpiarse, oxigenarse y purificar tus sentimientos  te preparan para seguir adelante. Al permitir que las lágrimas broten sin atadura, ni represión alguna en el momento y lugar adecuado; sucede algo maravilloso: no sé si te vuelves más fuerte, o si tus penas más livianas… pero el sentimiento de alivio y paz interior surge inmediatamente después de un despliegue emocional importante.

La tristeza es una respuesta normal y esperada ante situaciones de estrés y desasosiego como las experimentadas durante el duelo. Todo tu mundo se pone de cabeza, no estamos preparados emocionalmente para sufrir una pérdida importante en nuestras vidas. Sin embargo, existe un tiempo prudente para vivir el duelo y “reponernos”. Es decir, retomar nuestras vidas y seguir adelante a pesar de… Sin embargo, hay personas que presentan una dificultad mayor al intentar retomar sus vidas y funcionalidad dentro de la sociedad tras un deceso; por lo que cabe destacar que la sobre producción desmedida de lágrimas y la expresión continua de una profunda tristeza que persiste a través del tiempo y te inhabilite para la reinserción, social, laboral, educativa, doméstica, o bien familiar no es sano. Las lágrimas en un escenario de sobre involucramiento y dolor adicionado por nosotros mismos, nos desgastan, nos sabotea, nos roba tiempo y energía vital, y además nos generan un semblante triste y gris, que nos insta a mirar la vida desde un panorama desmejorado y desesperanzador. Todo tiene su medida, hasta las lágrimas.

Por lo que nuevamente nos replanteamos la pregunta: “¿Con cuántas lágrimas sana el corazón?”, la respuesta no puede ser menos, tampoco más, solamente las suficientes, las realmente necesarias. Está bien llorar, liberar, soltar, es decir -llorar para sanar-, pero no es sano llorar con la intensión de torturarse y autocastigarse a sí mismo con una existencia sombría, sin desapegarse del sufrimiento por amor al difunto. No cofundamos amor con dolor, el amor que sientes por tu ser querido no es paralelo a la cantidad de lágrimas que derrames en su honor, sino al cariño o buenos recuerdos que grabaste en tu ser y permanecerán contigo por siempre… eso es amor por su recuerdo y agradecimiento por su existencia. El evitar situaciones de disfrute o placer por su ausencia o limitarnos a retomar nuestras actividades es como estar pagando un impuesto de dolor añadido. Viviendo un doble duelo, duelo por la muerte de tu ser querido, y duelo por la pérdida de tu vida aún en vida. Recuerden que el dolor y el sufrimiento no significan lo mismo, yo puedo atravesar una situación de dolor en mi vida, pero yo elijo cuanto tiempo decido sufrirla. 

A nivel personal me gusta creer en algunas ocasiones, en posibilidades diferentes a las que dicta la ciencia, tal vez un tanto más de un paradigma metafísico o divino, les explico: cuando en compañía o en soledad, te permites sentir tu tristeza, tu dolor y dejarlo salir; además de ser un comportamiento liberador de tensiones y una necesidad para el equilibrio fisiológico y emocional;  es como si algo más allá… algo más allá de tu ser te comprendiera, te escuchara y te reconfortara; alguien diferente a quienes te acompañan en ese momento. De manera fantasiosa o divina podríamos pensar: ¿será nuestro ángel?, incluso ¿Dios? o ¿el universo en armonía con nuestro ser? es una sensación de serenidad que no alcanzo a explicar pero sucede.

A manera de conclusión y encontrando en mis palabras y experiencia  mi respuesta personal a la pregunta: ¿con cuántas lágrimas sana el corazón?, les diría: mi corazón sano recordando el número de sonrisas que compartí con mi hermano en vida…

Y tú, ¿cuántas sonrisas compartiste con tu ser querido?, o bien ¿cuántas sonrisas te provocó esa persona durante su existencia?, piensa en ello, recuerda. No cuentes lágrimas, cuenta sonrisas. Ese el verdadero tiempo y recuerdo que vale, es la mejor manera de sanar tu corazón. Reír es sinónimo de paz interior, de bienestar, y felicidad… obvia todo lo demás, réstale importancia a la culpa, a los enojos, a los enfrentamientos o a las discusiones, piensa que ya perdieron su efecto, en cambio esfuérzate por encontrar la paz en tu interior, perdónalos y perdónate. Y dedica 5 minutos a recordar tan sólo eso, las risas compartidas, los gratos momentos (si fueron muchos, si fueron pocos, no importa, lo importante es la intensidad) cuánto duro esa carcajada, esa mirada de complicidad y humor por algo que sucedió, recuerda cuántas risas fueron dedicadas, compartidas, recibidas o provocadas por tu ser querido; imagínalo a él o ella así, en su máxima expresión riendo, sonriendo y nuevamente sonríe junto a su recuerdo. 

Y pregúntate:  ¿con cuántas sonrisas es capaz su recuerdo de sanar tu corazón?.


Referencias Bibliográficas

L, Serrano. (2014). ¿Con cuántas lágrimas sana el corazón?, Blog Mirar al Cielo. Recuperado de: http://miraralcielo.net/2014/01/27/comparte-con-cuantas-lagrimas-sana-el-corazon/



A sus servicios,