“- Mira al cielo, ¿ves todas esas
estrellas? - le pregunta una madre a su hijo
-Sí las veo - responde el niño.
- Pues algunas dejaron de brillar
hace mucho tiempo – contesta la madre
- Entonces mamá… ¿Están muertas?
- Sí, podría decirse que sí, pero
alguna vez brillaron tanto y fueron tan
fuertes, que su energía sigue en el
espacio y las seguimos viendo en el firmamento… Sabes hijo, lo mismo ocurre con
las personas: Hay personas tan grandes, tan importantes y tan valiosas para
otros, que aunque hayan muerto, siempre continúan brillando en nuestros
corazones.
- El niño pensativo mirando al
cielo, susurra para sí: Abuelo, tu eres mi estrella favorita”
Este escrito está dedicado a ti
que lloras porque amas; he titulado este escrito bajo la misma estrella, por
una única razón; todo ser humano no está exento a perder a otro ser humano (unos más pronto que otros),
pero todos estamos destinados a partir o mirar partir a nuestros seres queridos,
o les duele o nos duele, pero no somos ajenos al dolor. La cruel despedida
independientemente por la causa que haya sido, deja un vacío o un sentido de
abandono. La muerte de quienes amamos nos
pone irremediablemente ante el misterio de la vida. La muerte y las situaciones
límite, nos forman a todos filósofos, y grandes pensadores; el vacío nos invita
a reflexionar sobre el sentido último de la vida… el dolor en total dimensión y
profundidad que esta palabra alcanza, posee
la noble tarea de humanizar.
Entonces diríamos que el duelo es el precio del amor, nos
duele por que amamos. Estar en duelo representa un indicador de sentimientos de
amor y apego por su maravillosa existencia. Es paradójico, incluso difícil de
entender cuando recién nos enfrentamos a estas situaciones de dolor; pero la muerte tarde o temprano, nos enseña a
vivir.
Algunas personas acostumbran
recetar tiempo para sanar o curar las heridas que provoca el dolor de la
despedida. “No es que el tiempo todo lo cure, pero nuestro corazón si vive de
manera distinta los diferentes momentos” (Bermejo, 2005). Por lo que podemos
deducir, que al final de cuentas, el tiempo resulta ser un buen compañero de
vida, como bien lo menciona Bermejo en su libro “Estoy en Duelo”:
Puedes elegir esconder, privatizar o negar
tu dolor, o por el contrario, lo socializas, lo compartes, lo expresas y lo
aprovechas para la búsqueda del sentido de vivir. No es lo mismo perder a un
hijo que perder a un padre, aunque en todos los casos “el dolor duele”.
Deseo que quienes pretendan
pronunciar alguna palabra de aliento a quien cultiva el recuerdo de un ser
querido en su mente y corazón, encuentren más inspiración en la escucha que en
el deseo de consolar. Que dediquen cuando sea necesario el tiempo para exclusivamente
escuchar.
Acompañar, escuchar, abrazar,
recordar y ayudar en el duelo con la intensión de reinstalar dentro de sí
mismos a los seres queridos, brindándoles una presencia interna, y con esto poseer
todo el brillo y encanto de una
estrella.
Deseo que todo profesional que se
dedique a la hermosa tarea de acompañar, posea la profunda quietud amorosa para
realizar su tarea con especial sabiduría del corazón a quienes, (incluyéndome
en la lista), sufrimos al perder. Como terapeuta, pero en primer lugar como
sobreviviente al dolor por la pérdida de un ser querido, decidí formular estas
palabras cuando una noche en silencio miraba al cielo eligiendo la estrella más
bella; enseguida observé como otra persona elegía la misma, era la estrella más
brillante y la más hermosa en aquel firmamento, no podía poseerla sólo para mí
o pagar derecho de exclusividad (aunque así lo quisiera), fue cuando entendí
que no importaba mirar y soñar con la misma estrella si la ruta, destino y
significado eran nuestros seres queridos. En nuestro corazón la representación
era distinta; en mi corazón la estrella
representaba la alegría por la vida y la esperanza del reencuentro con mi
hermano y para la otra persona a mi lado, significo la guía y orientación de su
padre… todo bajo una misma estrella.
Creo y he vivido fielmente, la
sorprendente capacidad que posee el ser humano para superarse y aprender a amar
de nuevo la vida. “Quiero pensar en el dolor sin negarlo, sin dulcificarlo,
pero también sin reducirlo a una experiencia oscura y sin salida” (Bermejo,
2005). Vivir con ellos de otra manera, seguir amando, seguir disfrutando y
seguir recordando. “Algunas veces nuestra luz se apaga y es reavivada por la
chispa de otra persona. Cada uno de nosotros tiene un motivo para pensar con
profunda gratitud por aquellos que han encendido esa flama dentro de nosotros”
(Albert Schweitzer)
Aceptar este principio de vida y muerte, nos invitan a vivir cada relación con más intensidad; a decir y demostrar tantos te quiero como debemos, a vivir a plenitud y apreciar el gran valor de la calidez de un hogar en unión de sus miembros, del abrazo sincero, de la sonrisa amable y de un TE QUIERO.
Aprendemos a observar como las banalidades del mundo (dinero,
lujos, fama y poder) pierden su valor y efecto al borde de la muerte, y son los
pequeños grandes momentos quienes recobran un invaluable valor. En mi cielo siempre
brillará una estrella, ¿cuánta luz hay en tu cielo?
Comenta la Dra. Elizabeth Kubler Ross: "Las
personas son como los vitrales. Brillan cuando el sol está afuera, pero cuando
la noche se instala, su verdadera belleza se revela sólo si hay una luz desde
dentro".
Lo cierto es
que no podemos dar una fórmula exacta o acciones concretas para superar un
duelo, cada quién tiene su tiempo y marcha a su propio ritmo, y no a todos les
funcionan las mismas cosas. Sin embargo, podemos brindar algunas
recomendaciones que puedan acompañar tu proceso.
- Date permiso para estar en duelo, no lo evadas, no lo reprimas, esconderlo por un tiempo solo ocasionará que se manifieste tiempo después, y el apoyo de la gente lo tienes ahora.
- Date permiso para sentir dentro de ti el dolor, no detengas tus emociones, déjalas salir.
- Date tiempo y el espacio que consideres necesario para disponerte a sanar, tendremos días buenos, y días no tan buenos, habrán recaídas, sé amable, compresivo y generoso contigo mismo, trátate con profundo amor.
- Sé paciente contigo mismo, aunque las emociones que vives y experimentas hoy, son intensas, recuerda que son emociones pasajeras y aunque parezca que han hecho casa en ti, algún día deben partir.
- Aplaza las decisiones importantes, no es conveniente decidir mientras no hayas elaborado adecuadamente la pérdida.
- No descuides tu salud, aliméntate y duerme bien, cuida tu cuerpo.
- No te auto mediques, si tomas algún tranquilizante o medicamente específico que sea bajo prescripción médica únicamente. Tomar medicamentos para “no sentir” pueden cronificar el duelo. No existe anestesia contra las emociones, la única manera de superarlas es atravesándolas.
- Busca y acepta el apoyo de otros.
- Date permiso para descansar disfrutar y divertirte, lo ilustro mejor con la siguiente frase: “Que mi recuerdo no maten tus futuras alegrías, pero que tus futuras alegrías no maten mi recuerdo”
- Confía en tus propios recursos para salir adelante, puedes hacerlo.
Quisiera concluir mi escrito con la siguiente frase:
“Me pregunto si las
estrellas se iluminan, con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la
suya” El Principito
Que la estrella más linda del cielo cuide de ti. Un cálido
abrazo.
Bibliografía
J, Bemejo. (2015).
Estoy en Duelo. 10 ed. Madrid: PPC


Muy bellas tus palabras, todos tenemos una estrella en el cielo y cada quien maneja el duelo de tal manera que sea más llevadero aunque algunas veces sea extremadamente muy pesado. Gracias por que me has ayudado a comprenderlo (el duelo) un poco más. Éxitos.
ResponderBorrarMe ha encantado y solo añadir que soy feliz con mi dolor y no quiero perderlo porque si. Yo también tengo una estrella.
ResponderBorrarBueno
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