domingo, 25 de mayo de 2014

Bajo la misma Estrella

“- Mira al cielo, ¿ves todas esas estrellas? - le pregunta una madre a su hijo
-Sí las veo - responde el niño.
- Pues algunas dejaron de brillar hace mucho tiempo – contesta la madre
- Entonces mamá… ¿Están muertas?
- Sí, podría decirse que sí, pero alguna vez brillaron tanto y  fueron tan fuertes,  que su energía sigue en el espacio y las seguimos viendo en el firmamento… Sabes hijo, lo mismo ocurre con las personas: Hay personas tan grandes, tan importantes y tan valiosas para otros, que aunque hayan muerto, siempre continúan brillando en nuestros corazones.
- El niño pensativo mirando al cielo, susurra para sí: Abuelo, tu eres mi estrella favorita”




Este escrito está dedicado a ti que lloras porque amas; he titulado este escrito bajo la misma estrella, por una única razón; todo ser humano no está exento a perder  a otro ser humano (unos más pronto que otros), pero todos estamos destinados a partir o mirar partir a nuestros seres queridos, o les duele o nos duele, pero no somos ajenos al dolor. La cruel despedida independientemente por la causa que haya sido, deja un vacío o un sentido de abandono.  La muerte de quienes amamos nos pone irremediablemente ante el misterio de la vida. La muerte y las situaciones límite, nos forman a todos filósofos, y grandes pensadores; el vacío nos invita a reflexionar sobre el sentido último de la vida… el dolor en total dimensión y profundidad que esta palabra alcanza,  posee la noble tarea de humanizar.

Entonces diríamos que el duelo es el precio del amor, nos duele por que amamos. Estar en duelo representa un indicador de sentimientos de amor y apego por su maravillosa existencia. Es paradójico, incluso difícil de entender cuando recién nos enfrentamos a estas situaciones de dolor; pero la muerte tarde o temprano, nos enseña a vivir.

Algunas personas acostumbran recetar tiempo para sanar o curar las heridas que provoca el dolor de la despedida. “No es que el tiempo todo lo cure, pero nuestro corazón si vive de manera distinta los diferentes momentos” (Bermejo, 2005). Por lo que podemos deducir, que al final de cuentas, el tiempo resulta ser un buen compañero de vida, como bien lo menciona Bermejo en su libro “Estoy en Duelo”:

Puedes elegir esconder, privatizar o negar tu dolor, o por el contrario, lo socializas, lo compartes, lo expresas y lo aprovechas para la búsqueda del sentido de vivir. No es lo mismo perder a un hijo que perder a un padre, aunque en todos los casos “el dolor duele”.

Deseo que quienes pretendan pronunciar alguna palabra de aliento a quien cultiva el recuerdo de un ser querido en su mente y corazón, encuentren más inspiración en la escucha que en el deseo de consolar. Que dediquen cuando sea necesario el tiempo para exclusivamente escuchar.
Acompañar, escuchar, abrazar, recordar y ayudar en el duelo con la intensión de reinstalar dentro de sí mismos a los seres queridos, brindándoles una presencia interna, y con esto poseer  todo el brillo y encanto de una estrella.

Deseo que todo profesional que se dedique a la hermosa tarea de acompañar, posea la profunda quietud amorosa para realizar su tarea con especial sabiduría del corazón a quienes, (incluyéndome en la lista), sufrimos al perder. Como terapeuta, pero en primer lugar como sobreviviente al dolor por la pérdida de un ser querido, decidí formular estas palabras cuando una noche en silencio miraba al cielo eligiendo la estrella más bella; enseguida observé como otra persona elegía la misma, era la estrella más brillante y la más hermosa en aquel firmamento, no podía poseerla sólo para mí o pagar derecho de exclusividad (aunque así lo quisiera), fue cuando entendí que no importaba mirar y soñar con la misma estrella si la ruta, destino y significado eran nuestros seres queridos. En nuestro corazón la representación era distinta;  en mi corazón la estrella representaba la alegría por la vida y la esperanza del reencuentro con mi hermano y para la otra persona a mi lado, significo la guía y orientación de su padre… todo bajo una misma estrella.

Creo y he vivido fielmente, la sorprendente capacidad que posee el ser humano para superarse y aprender a amar de nuevo la vida. “Quiero pensar en el dolor sin negarlo, sin dulcificarlo, pero también sin reducirlo a una experiencia oscura y sin salida” (Bermejo, 2005). Vivir con ellos de otra manera, seguir amando, seguir disfrutando y seguir recordando. “Algunas veces nuestra luz se apaga y es reavivada por la chispa de otra persona. Cada uno de nosotros tiene un motivo para pensar con profunda gratitud por aquellos que han encendido esa flama dentro de nosotros” (Albert Schweitzer)

Aceptar este principio de vida y muerte, nos invitan a vivir cada relación con más intensidad; a decir y demostrar tantos te quiero como debemos, a vivir a plenitud y apreciar el gran valor de la calidez de un hogar en unión de sus miembros, del abrazo sincero, de la sonrisa amable y de un TE QUIERO.

Aprendemos a observar como las banalidades del mundo (dinero, lujos, fama y poder) pierden su valor y efecto al borde de la muerte, y son los pequeños grandes momentos quienes recobran un invaluable valor. En mi cielo siempre brillará una estrella, ¿cuánta luz hay en tu cielo?

Comenta la Dra. Elizabeth Kubler Ross: "Las personas son como los vitrales. Brillan cuando el sol está afuera, pero cuando la noche se instala, su verdadera belleza se revela sólo si hay una luz desde dentro".
Lo cierto es que no podemos dar una fórmula exacta o acciones concretas para superar un duelo, cada quién tiene su tiempo y marcha a su propio ritmo, y no a todos les funcionan las mismas cosas. Sin embargo, podemos brindar algunas recomendaciones que puedan acompañar tu proceso. 

  1. Date permiso para estar en duelo, no lo evadas, no lo reprimas, esconderlo por un tiempo solo ocasionará que se manifieste tiempo después, y el apoyo de la gente lo tienes ahora.
  2.  Date permiso para sentir dentro de ti el dolor, no detengas tus emociones, déjalas salir.
  3. Date tiempo y el espacio que consideres necesario para disponerte a sanar, tendremos días buenos, y días no tan buenos, habrán recaídas, sé amable, compresivo y generoso contigo mismo, trátate con profundo amor.
  4.  Sé paciente contigo mismo, aunque las emociones que vives y experimentas hoy, son intensas, recuerda que son emociones pasajeras y aunque parezca que han hecho casa en ti, algún día deben partir.
  5.  Aplaza las decisiones importantes, no es conveniente decidir mientras no hayas elaborado adecuadamente la pérdida.
  6.   No descuides tu salud, aliméntate y duerme bien, cuida tu cuerpo.
  7.   No te auto mediques, si tomas algún tranquilizante o medicamente específico que sea bajo prescripción médica únicamente. Tomar medicamentos para “no sentir” pueden cronificar el duelo. No existe anestesia contra las emociones, la única manera de superarlas es atravesándolas.
  8.  Busca y acepta el apoyo de otros.
  9.   Date permiso para descansar disfrutar y divertirte, lo ilustro mejor con la siguiente frase: “Que mi recuerdo no maten tus futuras alegrías, pero que tus futuras alegrías no maten mi recuerdo”
  10.  Confía en tus propios recursos para salir adelante, puedes hacerlo.


Quisiera concluir mi escrito con la siguiente frase:

 “Me pregunto si las estrellas se iluminan, con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya”  El Principito


Que la estrella más linda del cielo cuide de ti. Un cálido abrazo.



Bibliografía

J, Bemejo. (2015). Estoy en Duelo. 10 ed. Madrid: PPC

3 comentarios:

  1. Muy bellas tus palabras, todos tenemos una estrella en el cielo y cada quien maneja el duelo de tal manera que sea más llevadero aunque algunas veces sea extremadamente muy pesado. Gracias por que me has ayudado a comprenderlo (el duelo) un poco más. Éxitos.

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  2. Me ha encantado y solo añadir que soy feliz con mi dolor y no quiero perderlo porque si. Yo también tengo una estrella.

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