viernes, 21 de marzo de 2014

Estrellas Fugaces



En algún momento en su experiencia de vida, tal vez ha tenido la dicha de mirar al cielo y observar a una estrella fugaz. Si bien su explicación científica y racional,  supone que no son estrellas  y se definen como rocas encendidas por el roce gravitacional de la capa terrestre contra su superficie. Popularmente se les ha denominado estrellas fugaces, y a mi criterio me gusta mucho más esta mágica interpretación; cuando era niña, me decían que el fenómeno sucedía cuando entonces una estrella había muerto. Ver una estrella caer a mi percepción a tan temprana edad, era un suceso hermoso, incluso romántico, pocos segundos son suficientes para darte cuenta, que su luz nunca había sido tan bella como la que enciende al final de su vida.

Al reflexionar acerca de la muerte de una estrella, tornaba triste mi semblante, inmediatamente después de mirarla pasar con asombro e ilusión, su  luz era hermosa, pero duraba tan poco tiempo su trayectoria.
He titulado mi escrito estrellas fugaces, en honor a los hijos que se han despido de manera fugaz de este mundo, porque la luz proyectada durante su existencia ha sido hermosa, pero su  trayectoria muy corta. Este un espacio dedicado especialmente para sus padres quienes han vivido la despedida de una estrella y han visto alejarse la luz de sus vidas.

Creo importante destacar que no he vivido en mi experiencia personal la pérdida de un hijo, pero he vivido y observado la pérdida que mi madre sufrió al despedir a nuestra estrella fugaz (mi hermano). No es lo mismo, lo sé, son dolores distintos, en una misma sintonía, frecuencia y compatibilidad en el tiempo, pero el sentir de perder a un hijo vrs el sentir de perder a un hermano, es muy distinto. Tal vez lo que yo logro interpretar como su dolor, no sea la magnitud exacta, tal vez y me quedo corta, pero suyos  son todos mis esfuerzos por intentar comprender y entender, las implicaciones emocionales experimentadas al perder a un hijo (a).

Me gustaría mostrar con esto mi apoyo incondicional a todo padre y a toda madre que ha vivido la dolorosa experiencia de despedir una estrella. De una u otra manera espero mi escrito les sea de ayuda para seguir adelante en este difícil camino de dolor, denominado duelo.

Día a día, padres y madres despiertan preguntándose ¿cómo seguir adelante a pesar del dolor experimentado por la muerte de su hijo (a)?  A diario te preguntas ¿Cómo seguir viviendo cuando una parte de ti se ha marchado tan pronto? Sobrevives al tiempo, a las situaciones,  sobrevives al trabajo, a la familia, a las relaciones, y de manera casi automática sin ser consciente del paso del tiempo, sobrevives a la vida. Alguna vez leí que la muerte de un hijo no es un acontecimiento, es un camino indescriptible de supervivencia.

Cuando pierdes a un hijo (a), la vida parece haber perdido en su totalidad, el sentido para ser vivida; todo a su alrededor pierde la magia y el color; lo que antes pudo estallar en una carcajada para ti, hoy no alcanza ni para hacerte sonreír. Perder a un hijo (a) es perder  una parte de ti, que vino de ti, que vivió en ti… perder a un hijo (a) es perder gran parte de tu vida.

Lo cierto, es que este escrito no debía de haber existido, porque nadie debería de conocer el dolor de perder a un hijo (a). No parece natural que los padres despidan a sus hijos, no es el ciclo de vida que esperamos para los nuestros. “La muerte de un hijo es considerada en todas las culturas un hecho antinatural, una inversión del ciclo biológico normal, y por eso racional y emocionalmente inadmisible. Es clásico mencionar que ni siquiera existe una palabra, equivalente a huérfano o viudo, que nombre a los que penan a un hijo (a) muerto. Nombrar, desde el punto de vista simbólico del lenguaje es sinónimo de tener control sobre lo nombrado, la falta de vocablo quizás sea la máxima demostración de que este dolor es incontrolable, inimaginable y que está absolutamente fuera de todo control” (J. Bucay, s.f.).

Al comenzar a caminar como diría J. Bucay el camino de las lágrimas, descubres que nunca  nos habríamos podido preparar para los sentimientos experimentados tras una perdida, y mucho menos si esa pérdida se trata de un hijo (a); aunque  nos consolamos con la idea de que siempre habrá, un pedacito de cielo en nuestro hogar.

Deseo dar a conocer la experiencia de un padre, quién ha escrito unas palabras tituladas: el dolor sólo se supera con amor (al final del documento adjunto el link, en caso de que deseen leer el escrito completo), detallo las frases que más impacto generaron en mí, por su capacidad de reevaluar su experiencia de dolor, encontrando un significado de vida. Destaco de su escrito cuatro hermosos y valiosos párrafos, espero encuentren en ellos como yo, la riqueza que sus palabras encierran:

“En estos últimos meses he aprendido a llorar, a sentirme mal; he aprendido que el dolor es tan fuerte que lo notas en el pecho, junto al corazón, que apenas te deja respirar. He aprendido a recordar momentos a los que en su día no les dí más importancia pero ahora recobran su auténtico valor. 
También sé que los recuerdos son como los vamos construyendo y que igual se alejan poco a poco de la realidad, pero seguirán siendo mis recuerdos y mi verdad.
Como si fuera un libro de sentencias, recuerdo sus frases y descubro la sabiduría que encierran. Y yo que pensaba que éramos los padres los que enseñábamos a los hijos; hoy sé que no es así, que nosotros les educamos y ellos nos educan a nosotros también, nos van enseñando a mirar la vida de una manera diferente, sin tanto prejuicio, con la mente mucho más abierta.
Pero lo más importante que he aprendido es que el dolor no se supera con más dolor, ni con odio, ni con angustia, ni con apatía, ni con cerrar los ojos y dejar de mirar. Sólo hay una cosa que te ayuda a superar el dolor y esa cosa es el amor. Ahora sé que amo mucho más que antes”.

El duelo por la pérdida de un hijo (a), no llega a sanar del todo un corazón, pero mejora la frecuencia, la intensidad de las emociones experimentadas en el duelo. Lo que sucede es que aprendemos a vivir  con ellos de otra manera. “El dolor sólo se supera con amor”; de manera breve comparto una pequeña metáfora, que ilustra las sabias palabras de este padre de la mejor manera:

-“Un médico sabio dijo una vez, la mejor medicina es el amor y los cuidados”,
-Entonces, alguien le pregunto: ¿y si no funciona?,
-Él médico sonrió y contesto: “aumenta la dosis.”.

Recordemos que el AMOR es la única medicina que cura en forma milagrosa a todo ser viviente. Cuando alguien está atravesando un momento difícil, por lo general nuestro instinto es querer darle la solución que a nosotros nos ha ayudado. Lo cierto es que no podemos dar una fórmula exacta o acciones concretas para superar un duelo, cada quién tiene su tiempo y no a todos les funcionan las mismas cosas.  Si bien es un atributo positivo querer asistir a otros, parte de nuestra propia transformación es volvernos más sensibles para saber cuándo es momento para dar un consejo, o cuándo es mejor guardar silencio y escuchar.

Una madre sobreviviente al dolor por la pérdida de su bebé, escribió en un blog una carta titulada: Querido Duelo (adjunto link al final del documento para quienes deseen profundizar en tan hermoso escrito), destaco de estas  sentidas palabras lo siguiente:

“Querido duelo, nunca te permitiría que hagas de mi bebé lo peor que me pasó. Ella no merece tener una mamá sombría, ella no merece ser recordada entre un mar de lágrimas. Porque mi hija, es lo MEJOR, que me pasó en la vida, por eso hoy, le regalo una madre fuerte, que sonríe con calma y paz al pensarla, que la puede traer de nuevo a la vida, todos los días al recordarla”.

Al perder a una estrella, experimentas un profundo e indescriptible  dolor, una luz en ti se apaga, una luz murió. “El dolor de los que hemos perdido a un ser querido es incomparable, intransferible y, aunque intentemos expresarlo de todas las formas posibles, siempre nos quedaremos con la sensación de que las palabras no llegan, no alcanza, no bastan. En realidad es así: una expresión verbal jamás tendrá la profundidad de todos nuestros sentimientos; tendríamos que inventarnos palabras nuevas para esa situación totalmente nueva que nos está desgarrando por dentro” (Angie Carmelo, Déjame Llorar). Sin embargo la capacidad que posee el ser humano para sobre ponerse al dolor, superarse y aprender a amar la vida de nuevo, es sorprendente.

Con el tiempo, te percatas que aunque su presencia física ha dejado de existir, el amor trasciende la muerte, y en tu corazón, en tus recuerdos, tu ser querido comienza a vivir. Te percatas que ha vuelto a ti, que se ha quedado muy dentro, allí en tu corazón y es donde entonces revelas que nunca se fue del todo, que solamente te acompaña de una manera distinta. Ahí dentro de ti,  hizo su casa, tal como la primera vez, pues desde su concepción, ten presente que tú siempre fuiste su casa. Ellos viven en ti, en tu mente, en tus recuerdos, en tu llanto, en tu risa, en tu mirada, en tus gestos, pero más aún en tu corazón… esa es la habitación preferida de tu cuerpo (su casa, su verdadero hogar).

Maribel, mamá de un ángel en el cielo, comenta un artículo en la web titulado: La pérdida de un hijo, el amor incondicional. En su comentario describe con sus propias palabras un suceso maravilloso, de indescriptible valor que no puedo ni debo pasar por alto de compartir:

“Me di cuenta que la muerte ya no importa, no me aleja tanto de ti como temía cuando te perdí; es cierto, mis ilusiones ya no son las mismas, ni mi sonrisa, ni mi forma de ver el mundo. Pero su recuerdo me da la fuerza para manifestar las cosas que realmente son importantes, para transmitir que es mejor amar lo que haces y encontrarle el lado positivo a lo que te encuentras en tu camino. A buscar un día a día mucho más limpio”.

Me parece importante enriquecer mi escrito con experiencias reales de trasformación y crecimiento vividas por madres y padres quienes miraron su estrella fugaz - pasar. Me complace compartir la experiencia del matrimonio de Julie, quién perdió su bebé a unas pocos días antes de nacer.

“Mi esposo y yo somos desde este día, personas muy diferentes, vemos la vida muy distinta. Aún sufrimos, pero entendimos que el dolor no se irá, pues vivimos la experiencia más dolorosa que se puede vivir en este mundo: el perder a un hijo; pero estamos aprendiendo a vivir con el dolor.
Es un ángel que Dios nos mandó para que lo criáramos esos 9 meses con amor infinito - como el que le dimos, y fuera un ángel muy bien preparado, y sabemos que con nuestro hijo a lado de Dios, el cielo es más cielo”

Como bien lo menciona, Elisabeth Kubler – Ross (escritora y pionera especialista en el tema de duelo y pérdida), es muy difícil aprender a volver a tomar parte activa en la vida cuando perdemos a alguien a quien amamos. Pero únicamente eso, dará un sentido a la muerte de nuestro ser querido.
Concluyendo mi escrito me dirijo a todo padre y madre que se encuentre atravesando una experiencia de dolor tan marcada como la pérdida de un hijo (a). Y desde mi ser con amor y profundo respeto les envió un abrazo fuerte y cálido; recuerden no están solos, solo les acompañan de una manera distinta. Espero este escrito haya sido de su agrado, mi intención no era repetir lo que la teorías o investigaciones científicas dictan acerca de las reacciones experimentadas, mi verdadera intención es mostrarles las verdaderas emociones que padres y madres en diferentes partes del mundo manifiestan al despedir a una estrella y cómo a pesar de su dolor, deciden continuar. Un aplauso para todos estos guerreros y guerreras, sobrevivir al dolor día con día y encender el amor por la vida, es de valientes.

Finalmente me despido con una hermosa frase:

“Yo también he mirado al cielo, buscando su sonrisa. 
Yo también he esperado una gota de lluvia que me anuncie que ellos siguen ahí.
 
Yo también sobrevivo a esa sensación, a ese dolor, a ese vacío.
 
Yo, al igual que tú, tengo un ángel que desde el cielo, no deja de rezar por mí
(Anónimo).




PD: consulten nuestra referencias bibliográficas, pueden ser un buen acompañamiento.


Referencias

María Cecilia (2013). Querido Duelo, Blog Mirar al Cielo. 
Recuperado de: http://miraralcielo.net/2013/08/24/querido-duelo/

M, Sariñena. (2013). La pérdida de un hijo, el amor incondicional. Artmemori. 
Recuperado de:  http://ayudaenduelo.artmemori.com/la-perdida-de-un-hijo-el-amor-incondicional/

Julie (2014). El cielo es más cielo, Blog Mirara al Cielo. 
Recuperado de: http://miraralcielo.net/2014/02/17/comparte-el-cielo-es-mas-cielo/

Meli. (2013). El dolor sólo se supera con amor. Centro de atención al duelo. 
Recuperado de: http://www.comoafrontarlamuertedeunhijo.es/index.php/diciembre-2012/testimonio-de-un-padre-en-el-cuarto-aniversario-de-la-perdida-de-su-hijo

J, Bucay. (s.f.). La pérdida de un hijo. 
Recuperado de: http://www.luzdelalma.jetband.com.ar/revista29/pagina2.htm


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