Así comienza el título de la carta de una madre, refiriéndose al dolor experimentado tras la pérdida de su hijo, agradezco a Lisbeth Serrano por compartir su escrito en el blog de Mirar al Cielo.
Tan sólo pocos minutos después de meditar esta pregunta, provoco en mí el deseo por intentar contestarla, por buscar una respuesta válida y esperanzadora para todo doliente.
-“¿Con cuántas lágrimas sana el corazón?”-
Rápidamente repase una y otra vez la pregunta, llamando particularmente mi atención la frase de inicio: “¿CON CUÁNTAS LAGRIMAS?”, de inmediato pensé: la respuesta debe ser un número, una cifra exacta o proxima… los seres humanos buscamos siempre parámetros de medición que nos permita explicar en tiempos establecidos el inicio y término de una situación. Por lo que pienso contestar a esta pregunta más adelante en los mismos términos numéricos en que fue formulada.
Deseo ante todo comentar de manera breve el impacto que esta pregunta género en mi historia de vida; al reflexionar sobre ella recordé mi propia experiencia de duelo (la muerte de mi hermano), reflexione que las lágrimas resultaron buenas aliadas en ese momento, son reparadoras y poseen un poder curativo sorprendente; ayudan a sanar el alma cuando la descarga emocional es grande y resulta irreprimible (llorar es un alivio y un consuelo incomparable).
Liberar tus emociones es salud mental; limpiarse, oxigenarse y purificar tus sentimientos te preparan para seguir adelante. Al permitir que las lágrimas broten sin atadura, ni represión alguna en el momento y lugar adecuado; sucede algo maravilloso: no sé si te vuelves más fuerte, o si tus penas más livianas… pero el sentimiento de alivio y paz interior surge inmediatamente después de un despliegue emocional importante.
La tristeza es una respuesta normal y esperada ante situaciones de estrés y desasosiego como las experimentadas durante el duelo. Todo tu mundo se pone de cabeza, no estamos preparados emocionalmente para sufrir una pérdida importante en nuestras vidas. Sin embargo, existe un tiempo prudente para vivir el duelo y “reponernos”. Es decir, retomar nuestras vidas y seguir adelante a pesar de… Sin embargo, hay personas que presentan una dificultad mayor al intentar retomar sus vidas y funcionalidad dentro de la sociedad tras un deceso; por lo que cabe destacar que la sobre producción desmedida de lágrimas y la expresión continua de una profunda tristeza que persiste a través del tiempo y te inhabilite para la reinserción, social, laboral, educativa, doméstica, o bien familiar no es sano. Las lágrimas en un escenario de sobre involucramiento y dolor adicionado por nosotros mismos, nos desgastan, nos sabotea, nos roba tiempo y energía vital, y además nos generan un semblante triste y gris, que nos insta a mirar la vida desde un panorama desmejorado y desesperanzador. Todo tiene su medida, hasta las lágrimas.
Por lo que nuevamente nos replanteamos la pregunta: “¿Con cuántas lágrimas sana el corazón?”, la respuesta no puede ser menos, tampoco más, solamente las suficientes, las realmente necesarias. Está bien llorar, liberar, soltar, es decir -llorar para sanar-, pero no es sano llorar con la intensión de torturarse y autocastigarse a sí mismo con una existencia sombría, sin desapegarse del sufrimiento por amor al difunto. No cofundamos amor con dolor, el amor que sientes por tu ser querido no es paralelo a la cantidad de lágrimas que derrames en su honor, sino al cariño o buenos recuerdos que grabaste en tu ser y permanecerán contigo por siempre… eso es amor por su recuerdo y agradecimiento por su existencia. El evitar situaciones de disfrute o placer por su ausencia o limitarnos a retomar nuestras actividades es como estar pagando un impuesto de dolor añadido. Viviendo un doble duelo, duelo por la muerte de tu ser querido, y duelo por la pérdida de tu vida aún en vida. Recuerden que el dolor y el sufrimiento no significan lo mismo, yo puedo atravesar una situación de dolor en mi vida, pero yo elijo cuanto tiempo decido sufrirla.
A nivel personal me gusta creer en algunas ocasiones, en posibilidades diferentes a las que dicta la ciencia, tal vez un tanto más de un paradigma metafísico o divino, les explico: cuando en compañía o en soledad, te permites sentir tu tristeza, tu dolor y dejarlo salir; además de ser un comportamiento liberador de tensiones y una necesidad para el equilibrio fisiológico y emocional; es como si algo más allá… algo más allá de tu ser te comprendiera, te escuchara y te reconfortara; alguien diferente a quienes te acompañan en ese momento. De manera fantasiosa o divina podríamos pensar: ¿será nuestro ángel?, incluso ¿Dios? o ¿el universo en armonía con nuestro ser? es una sensación de serenidad que no alcanzo a explicar pero sucede.
A manera de conclusión y encontrando en mis palabras y experiencia mi respuesta personal a la pregunta: ¿con cuántas lágrimas sana el corazón?, les diría: mi corazón sano recordando el número de sonrisas que compartí con mi hermano en vida…
Y tú, ¿cuántas sonrisas compartiste con tu ser querido?, o bien ¿cuántas sonrisas te provocó esa persona durante su existencia?, piensa en ello, recuerda. No cuentes lágrimas, cuenta sonrisas. Ese el verdadero tiempo y recuerdo que vale, es la mejor manera de sanar tu corazón. Reír es sinónimo de paz interior, de bienestar, y felicidad… obvia todo lo demás, réstale importancia a la culpa, a los enojos, a los enfrentamientos o a las discusiones, piensa que ya perdieron su efecto, en cambio esfuérzate por encontrar la paz en tu interior, perdónalos y perdónate. Y dedica 5 minutos a recordar tan sólo eso, las risas compartidas, los gratos momentos (si fueron muchos, si fueron pocos, no importa, lo importante es la intensidad) cuánto duro esa carcajada, esa mirada de complicidad y humor por algo que sucedió, recuerda cuántas risas fueron dedicadas, compartidas, recibidas o provocadas por tu ser querido; imagínalo a él o ella así, en su máxima expresión riendo, sonriendo y nuevamente sonríe junto a su recuerdo.
Y pregúntate: ¿con cuántas sonrisas es capaz su recuerdo de sanar tu corazón?.
Referencias Bibliográficas
A sus servicios,


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