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la gente te dice que de cada experiencia vivida positiva o negativa aprendes
"algo", bueno o malo, aprendes a repetir o extinguir conductas pero
indiferentemente no hay situación que no genere un aprendizaje; aunque esta
regla universal, me parecía carente de significado en aquél momento, e incluso
la percibía como absurda en un principio, al menos durante aquél momento cuando
la muerte decidió llevarse a mi ser querido: ¿qué iba yo aprender de esto?,
¡nada bueno tenía!, ¡nada positivo que rescatar!, lo peor sucedía, y el dolor
no parecía sanar.
Sentía profunda tristeza, ira, me enemiste con Dios durante un
tiempo, era muy injusto todo lo que ocurría. Pero conforme te vas moviendo en
tu duelo, conforme avanzas en tu proceso, te das cuenta que verdaderamente el
duelo enseña algo... la muerte te acerca a la vida, la muerte paradójicamente
te enseña a vivir.
Aprendes a ser más humano ante el dolor de otros, adquieres una
actitud solidaria desde lo más auténtico de tu ser, la humildad te brinda una
importante lección de vida y tu sensibilidad aumenta a un alto nivel; el duelo
por un ser querido te enseña cuáles cosas en la vida son realmente valiosas.
Descubres el poder del amor, la unión, la compañía, la amistad, el valor de una
sonrisa y entiendes el profundo poder de los abrazos.
Piensas en lo que otras personas han podido sufrir con una
pérdida, y te percatas de la cantidad de gente que sufre en el mundo, ya no
eres ajeno a ese dolor, ahora lo entiendes, ahora también lo vives.
Restas valor a lo material, te desprendes fácilmente de lujos, el
dinero y los bienes materiales carecen de importancia, eso no da felicidad y
verdaderamente, pierden su valor ante la muerte. Te vuelves mucho más
consciente de tu propia muerte (uno de los descubrimientos más reveladores
quizás, puesto que aunque todos conocemos nuestra condición de finitud, vivimos
como si no fuera nuestra verdad) recuerdas que tarde o temprano todos morimos y
que el tiempo que verdaderamente vale es este, es hoy, es ahora. Aprendes a
disfrutar y no dejar pasar por desapercibida cada oportunidad para comunicar lo
que sientes por otro ser humano.
Aprendes que no merece la pena enfadarse por pequeñas cosas,
aprendes a no juzgar a nadie por sus actos, todos cargamos una dosis de dolor
en nuestras vidas y buscamos de alguna manera comenzar a sanar; aunque a veces
no tomemos las mejores decisiones.
En el duelo recibes aunque para un cruel momento, un precioso
regalo. Te das cuenta y reconoces desde el corazón a las personas que realmente
te quieren y que se preocupan por tu bienestar. Aprendes a acercarte a Dios,
confiando plenamente en su promesa, esperando pacientemente la alegría del
reencuentro, pero sin olvidar vivir intensamente cada segundo de tu vida. La
experiencia del duelo puede enseñarte a prepararte para morir viviendo una gran
vida, también puede enseñarte la noble tarea de acompañar a otros que sufren y
salir al paso del dolor ajeno por la pérdida de un ser querido. Como bien lo
menciona José Carlos Bermejo: "Quiero pensar en el dolor sin negarlo, sin
dulcificarlo, pero también sin reducirlo a una experiencia oscura y sin
salida". Quizá con esta experiencia aprendí a practicar y entregar nuestra
verdad más grande y hermosa: el amor.
Sentir
dolor después de una pérdida es normal e incluso esperado, te duele porque
amaste. Tu dolor es una prueba de que estás viv@ y una señal de que tú eres
capaz de reaccionar ante las distintas experiencias de la vida. Pero y tú qué decides hacer
con tu dolor, ¿padecerlo y transformarlo?, o ¿evitarlo y nunca sanarlo?.
Yo decido hacer algo con él, decido transformarlo, utilizarlo para dar
al otro, decido ayudar y dar a los demás y así he descubierto que se sufre
menos, es decir, el dolor es el mismo por su puesto, pero se hace más liviano o
tal vez... yo me vuelvo más fuerte.
¿Y tú que aprendiste de tu duelo?
¿Qué decides hacer con tu dolor?
El siguiente vídeo, fue especialmente editado para ti, que al igual que yo, lloramos porque amamos.
Referencias
Bermejo, J.C. (2013). Estoy en Duelo. 10 ed. PPC: España.


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