“LA MUERTE: Un asunto de todos”
Por: Licda. Kimberly Vargas Morera,
Psicóloga 7325
La muerte como diría Fernando
Rivera Calderón en su diccionario del caos: “Es un pequeño fin del mundo que
todos llevamos dentro”. Culturalmente ocultamos la muerte y tratamos de
protegernos de ella; evitando mencionarla o siquiera pensarla. Manteniendo
irracionalmente la idea que nombrarla es llamarla, pero escapar a su mención no
nos vuelve inmunes a ella. La certeza
más grande que todos poseemos es que algún día moriremos, sin embargo: “todos
mueren, pero no todos viven”.
Sobre la muerte se habla y se
escribe poco, contribuyendo con esto al halo de misterio y sumándole a la
muerte una visión catastrófica, adquiriendo
con esto mayor carácter de tabú. Lo cierto es que la muerte ha buscado
ser definida y entendida desde dos grandes vertientes: la primera de orden
religioso y de corte espiritual y la segunda responde a una postura
médico-científica. Pero ninguna de las dos es dueña de la verdad absoluta. Por
lo que la incertidumbre ante el destino del alma o la posición biologuista de
la vida; resultan ser insuficientes. Tampoco cumplimos el “orden natural de la
vida”, pues no se muere sólo cuando se envejece, morimos jóvenes, morimos viejos,
morimos saludables o morimos enfermos, algunos de forma súbita y otros
anunciada; y no sólo es relevante la forma de morir, sino el significado
simbólico que adquiere en la cultura que nos vio nacer. En el oriente la muerte
es una celebración que simboliza la paz, la transformación y la trascendencia,
permitiéndole al otro agradecer su presencia y bendecir su existencia; en
occidente en cambio asociamos la muerte con dolor y sufrimiento, la convertimos
en un estímulo de miedo, por eso rechazamos con vehemencia todo lo referente a
ella. No sabemos morir en una cultura que quizás tampoco sabe vivir. Olvidamos
mirar, olvidamos abrazar y olvidamos estar. La rutina de la vida nos atrapa en
un curso de sobrevivencia y egocentrismo, donde nos centramos todo el tiempo en
nosotros mismos.
La muerte trae consigo la
capacidad de humanizar, de vulnerabilizar pero principalmente de revelar. Al
aproximarnos a la muerte de un ser querido o a la propia, reevaluamos nuestras
decisiones y cuestionamos nuestras experiencias. Porque cuando te acercas a tu último
momento las apariencias se desvanecen por completo y tus verdaderos deseos y
voluntades aparecen. Morir es un acto
único; sólo se muere una vez y eso deja una marca imborrable entre los que quedan. El maestro Enric Benito
comenta que: “los ojos de los moribundos son espejos donde nos vemos
reflejados”, pues al hablar de la muerte no nos aproximamos ni nos alejamos de
ella, pero sí reafirmamos la vida.
Lo que nos invita a reflexionar y
a mantener una actitud diferente frente a la muerte desde el inicio de la vida
y no al momento de la muerte, de tal forma lograríamos incorporarla a nosotros
de una forma natural. Pues al final de cuentas temerle a la muerte es también una
construcción social. Las personas aunque con gran dificultad logran integrar las
muertes de otras personas, no están dispuestas a lidiar con la idea de la
muerte propia y los mecanismos de defensa de rechazo y temor comienzan a
actuar.
En esta vida, en esta realidad lo único que venimos a aprender es amar.
Por lo que la muerte nos viene a enseñar que lo más valioso que tenemos no es
el dinero, ni la fama, ni el poder, es el tiempo; puedes producir más dinero,
más fama o poder, pero no producir más tiempo. Por eso valora cada segundo que
entregas a otro y aprecia cada minuto que te obsequian otros, pues lo más
valiosos que tenemos es el tiempo que compartimos con otros.
La muerte es cosa de todos, pues
es nuestra verdad más universal, pero también lo es la vida. Por tanto disfruta
a plenitud del tiempo que transcurre entre esos dos grandes silencios: el
nacimiento y la muerte. La gente no muere diferente de cómo ha vivido por eso
aunque un día moriremos, no te pierdas de vivir los demás días.
Quien se va necesita aceptación
de lo vivido, de lo bonito y de lo no tan bonito, pero también conexión con lo
querido. Así que procura llenarte de experiencias de vida completas, vive cada
emoción con intensidad pero principalmente con autenticidad, finalmente como
bien dice mi querida Elisabeth Kubler Ross, cada quien tiene su propio cielo.
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Whatsapp (506) 8436-3147
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