martes, 22 de julio de 2014

Cicatrices



Todos coincidiríamos al pensar, que cada cicatriz relata una historia, cada cicatriz esconde las huellas de nuestro pasado; cada cicatriz cuenta una situación de dolor que ha cerrado, que ha cicatrizado… ya no duele como antes, pero indudablemente la herida fue tan profunda, que nos ha marcado para toda la vida.

Contamos con cicatrices perceptibles a la vista o tacto de las personas, pero también escondemos dentro de nosotros mismos cicatrices que no son visibles a simple vista. Cicatrices emocionales, de situaciones de duelo y pérdida, cicatrices que tal vez han provocado mucho más daño, y mucho más dolor en nuestra historia de vida que el dolor experimentado por una pierna rota. Cicatrices al cuerpo, o cicatrices al corazón, con diferentes formas y diferentes significados, e incluso diferente percepción del dolor.

Hay cicatrices provocadas por una caída de una bicicleta en nuestra infancia antes de conquistar el equilibrio, alguna seña en nuestro cuerpo que compruebe nuestra lucha y derrota a la varicela, un corte en la rodilla por rescatar a un animal en apuros, un raspón en la cabeza por jugar y disfrutar  con amigos, cicatrices dibujadas mientras nos encontrábamos creciendo y dominando habilidades para la vida. Cicatrices vividas bajo una marco de disfrute o satisfacción de logro.

A medida que crecemos, estamos expuestos a todo tipo de cicatrices. Podemos adquirir cicatrices  por nuestro primer corazón roto, y el segundo, y el tercero... ¿recuerdas tu primera desilusión amorosa? ¿cuánto pudo llegar a doler?. También existen cicatrices provocadas por un accidente, enfermedad, quemadura o alguna intervención médica.


En su existente variedad también encontramos cicatrices hermosas, cicatrices de germinación de vida, como la que deja una cesárea durante el parto. Alguna cicatriz en busca del bienestar de otro, al donar un riñón y convertirte en medio y esperanza de vida para otro ser humano, o una cicatriz que te recuerde eternamente la virtud del agradecimiento al recibir un órgano que reemplace nuestros tejidos dañados para seguir viviendo.

Existen cicatrices de corte emocional provocadas por la pérdida de una relación de pareja (divorcio/separación), o tal vez provocada por alguna palabra que te impactó negativamente en algún momento determinado de tu vida. Cicatrices de maltrato y desprecio, cicatrices de rechazo o burla, cicatrices que no provocaste, pero que recibiste. Cicatrices que provocaste y que evadiste. Sin olvidar mencionar que no sólo hemos sido víctimas, también hemos sido perpetradores y hemos causado cicatrices en otros (inconsciente o deliberadamente), pero también hemos dañado o lastimado a otros y ellos cargan en su disfraz nuestras cicatrices, nuestras marcas. Hemos sido marcados y hemos marcado, reflexiona acerca de esto: las marcas que has dejado en otros, ¿conllevan un impacto positivo o negativo en sus vidas?.

Lo cierto es, que estamos hechos de cicatrices no importa de qué tipo, las adquirimos desde que nacemos, es quizás nuestro ombligo la cicatriz más hermosa que todos poseemos... Todas y cada una de las cicatrices que vestimos, independientemente de su causa o razón, todas dolieron. Pero es tal vez más dolorosa la cicatriz que surge al perder, es esta la misma razón por la que todos hemos llegado a esta página… porque hemos perdido.

Una cicatriz por la pérdida de un ser querido, es la cicatriz más difícil de cicatrizar, de cerrar, de sanar y de superar. Enfatizando en la palabra la más difícil de cicatrizar, pero no por esto significa que no pueda llegar a sanar. Cada cicatriz en nuestra vida es una marca de crecimiento, cada pérdida (aunque parezca difícil comprenderlo), supone una ganancia, cada experiencia de dolor, trae consigo una lección de vida, cada experiencia lejos de contar con la intensión de la tan frecuente interrogante del ¿por qué?, nos invitan a reflexionar por la conciencia reveladora del ¿para qué?. Siéntete orgulloso (a), de cada cicatriz en tu corazón; cada una trae consigo una ganancia; incluso la muerte.

Tal vez sean las manos con más cicatrices las que saben con más suavidad acariciar. Suena ilógico pensar así (podrían re plantearse), pero lo cierto es, que bajo situaciones límite y de dolor es cuando descubrimos el auténtico sentido de la vida y el verdadero valor y significado de la palabra amor, amistad, compañía, gratitud y solidaridad...

Desde el punto de vista biologuista, una cicatriz tarda hasta dos años para regenerar adecuadamente el tejido dañado tras la herida; en el duelo es muy similar, la elaboración del duelo puede tardar hasta dos años encontrándose aún bajo criterios adecuados de sanación. La herida para sanar debe tener ciertos cuidados para así lograr cicatrizar: mantener limpia la zona afectada, aplicar solución salina, protegerla de bacterias o posibles infecciones, suturar incisión, entre otros cuidados médicos... así sucede también en el duelo, la persona necesita sanar su herida, limpiar ese dolor y durante el proceso puede experimentar negación, ira, tristeza, desesperanza, y poco a poco poder llegar a negociar con la realidad y asimilar lo ocurrido, hasta lograr aceptar la ausencia física de su ser querido. Pero aceptar la ausencia no es olvidar, aceptar es aprender a vivir con la cicatriz.

Algunas personas comentan que en ocasiones, mirar la cicatriz duele más que la misma herida (y puede que tengan mucha razón), ¿cuántas veces por centrarnos sólo y exclusivamente en esa experiencia de dolor, nos olvidamos de que seguimos vivos?, ¿cuántas veces reflexionamos acerca de la presencia de otros seres que también amamos y que continúan aún con nosotros? - toma tu tiempo y reflexiona - ¿cuánto tiempo miras tus cicatrices?, y con  mucha más vehemencia cuestionate: ¿con qué sentido las miro, cuál es mi verdadera propósito? lo hacemos con la intensión de no olvidar los aprendizajes obtenidos y agradecer su aporte y crecimiento en nuestras vidas, o las miramos con la intensión de auto propiciarnos todavía más dolor y más sufrimiento.

-“Déjame sanar las heridas del cuerpo, que las del corazón no se iran” le decía un hombre a su terapeuta.
- A lo que el terapeuta responde: Las heridas de tu corazón no se irán si no decides trabajarlas, para sanar debemos sangrar, la herida necesita sangre coagulada en su superficie para comenzar a cicatrizar, para elaborar el duelo sólo existe un camino, debemos atravesar el dolor, atravesarlo pero no quedarnos a vivir en él; las cicatrices en tu cuerpo, en tu alma y en tu corazón, demuestran lo que has pasado, lo que has vivido y lo que has sufrido, más no logran detallar con exactitud ¿cuánto te ha dolido?, ese dato sólo lo conoces tú…

"Cada herida deja una cicatriz, que tiene una historia y que te recuerda todos los días que sobreviviste" (M.Marín). 
Las cicatrices brindan también un segundo mensaje, no sólo demuestran nuestra historia, demuestran también lo fuerte que hemos sido para sanar, cerrar, cicatrizar y seguir adelante; una cicatriz demuestra no sólo tu dolor o padecimiento, una cicatriz demuestra también tu fortaleza.

Independientemente del tamaño, color, dimensión o profundidad de nuestra cicatriz, depende de nosotros cerrarlas o dejarlas sangrar. ¿Dejará de doler? - no en su totalidad, pero no con la misma intensidad de su inicio.
Durante el proceso de cicatrización de una herida, esta dejará una marca, un rastro de que fue real, una seña de que si ocurrió, que forma parte de tu historia y que aunque dolió, fuiste más fuerte que aquello que te hirió. Al final de cuentas, las cicatrices son pruebas de que has vivido, nos duele porque estamos vivos.

¿Qué tan grande es tu herida hoy?, no importa que tan extensa o profunda sea tu herida, ¡puedes llegar a sanar!, no cubras tu herida con una banda, eso no la curara, sola la cubrirá a la vista de todos e incluso de tu propia vista, el suponer que no ocurrió no lo hace cierto, estar en duelo es conectarse con el dolor que nos causa la pérdida no huir de él.

El dolor también tiene sus marcas, pero seguido a la cicatrización deviene el crecimiento, y de cada marca en nuestro cuerpo algo hemos aprendido o algo hemos recordado. No escondas tus cicatrices ni con ellas la belleza detrás de su historia; tu esfuerzo, tu voluntad, tu valentía, tu coraje no debe permanecer oculto… una cicatriz significa, "No me deje derrotar". Debemos llevar nuestras cicatrices como símbolo de identidad, al final de cuentas “ellas me hicieron quien soy”.

Algunas personas sienten vergüenza de sus cicatrices, las perciben feas y les da pena mostrarlas a otros; otros en cambio, con orgullo las portan por el significado de su historia en la vida propia o de alguien más. Quién posee numerosas cicatrices en su cuerpo o corazón, sabrá entender a otro ser humano a quién su herida aun no cicatrizó. Como un niño que observaba a un hombre con una gran cicatriz en su rostro y colocando sus manos sobre las del hombre, le pregunto: - ¿quién te provoco esa cicatriz?, el hombre sorprendido al no percibir temor por parte del niño, le contestó:-la vida - el niño confundido cuestionó, - ¿ella te hizo esa cicatriz?, - No, respondió con paciencia aquel hombre, - la cicatriz me la hizo el tiempo, ella sólo me provocó la herida (Víctor de la Hoz).

Una cicatriz es una marca de crecimiento personal, un símbolo de lucha, de atreverse a vencer el dolor, de atravesarlo; una cicatriz es una historia vencida, sin embargo al dejar marca, sabemos y entendemos que la pérdida se supera pero nunca se olvida

Las cicatrices nos muestran donde hemos estado... mira dentro de mis cicatrices y podrás comprender mi historia...






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