domingo, 16 de febrero de 2014

Reseña de Nuestro Nacimiento

Reseña de Nuestro Nacimiento

16 de noviembre de 2013 a la(s) 17:07
Muchos de nuestros seguidores podrán plantearse la siguiente pregunta ¿Cómo nació Creciendo a través del Duelo?... la respuesta, no es simple; pues nuestro nacimiento deviene de la muerte, de la pérdida... de un duelo.

Relatamos una pequeña reseña del motivo principal y la fuente de inspiración de nuestra fundadora para nuestro nacimiento:

"Como fundadora de Creciendo a través del Duelo, quiero regresar un par de años atrás, a mi formación como terapeuta y en mi entrenamiento en mi carrera profesional; en aquel entonces hace un poco más de 3 años atrás, poseía (y poseo) gran afinidad al tema de cuidados paliativos, enfermedades crónicas y cáncer, soñando con una vida laboral y especialización profesional en esta disciplin;, siendo muy consciente que al trabajar en estos temas en particular, es completamente esperado enfrentarse también con la muerte. Pero entonces, a la muere la entendia y comprendia desde un punto de vista distinto, algo cientifico y ajeno a mi experiencia de vida. Hasta que la misma vida se encargo de brindarme la lección y el profundo aprendizaje a cerca del significado de la muerte, la pérdida, el duelo y también (aunque no le creia asi en su momento), me permitio redefinir un nuevo y más valioso significado acerca de la vida.

Agosto 2012, tras la pérdida de mi hermano mayor, tras conocer el rostro del dolor, tras sentir enojo, tirsteza y desesperanza, tras mirar el mundo desde otros ojos, entendí todo muy distinto... mi mundo cambio y nunca volvera a ser el mismo de antes (Admito que fue muy dificil aceptar esta realidad). Falta alguien importante en mi vida, falta con quien creci, falta mi compañero de juegos, falta alguien más con quien pelear, con quien soñar, con quien reir o  tal vez con quien llorar. Hasta que un dia comprendi que aunque me hacia mucha falta aún; pese a no mirarlo, sucedía algo extraño... lo seguia sintiendo. Entonces descubrí que vivia en mi, en mis pensamientos, en mis recuerdos, en mis sueños al dormir, en mi infancia, adolescencia, y en mi vida adulta - todos los días; por que como bien dice Goldenberg: "cuando nuestros seres amados parten, pasan de vivir con nosotros, a vivir en nosotros" y eso para mí lo hizo eterno y eso a mí me hizo sonreír.

Aprendí también que para curar mis heridas, necesitaba el valor de enfrentarlas y entonces en ese camino llamado DUELO, descubrí tantas cosas que antes desconocia o no admitia, fui consciente de la finitud de la vida, de mi propia vida, del tiempo realmente vivido y disfrutado con mis seres queridos, de las metas alcanzadas y de los sueños desechos y entendi que al final es lo único queimporta, lo único realmente valioso acerca de la vida es el tiempo compartido con tus seres queridos, las navidades, los cumpleaños, el año nuevo, lo que sea, por el motivo que sea, aprendes a apreciar muchisimo más el tiempo que les entregas y el tiempo que te entregan y es entonces cuando nos sentimos realmente vivos, tras una lagrima, una carcajada sonora, un abrazo, una sonrisa, un te quiero, un te amo.

Me conecte con la vida, meditando acerca de tantas cosas pasadas, sueños olvidados, daños provocados y tambien recibidos. Metas por cumplir, momentos por vivir, lugares por conocer, personas a quienes amar, cosas que olvidar. Logré entonces,  visualizar el Duelo como una transformación, una oportunidad de crecimiento, de ser mejores personas, una oportunidad para vivir de nuevo.  Me ocupé de leer muchisimos libros de autoayuda, luego comence siendo más selectiva entendiendo el dolor de otros a través de mi experia de dolor, ya lo sentia, ya lo comprendia. Segui instruyendome, trabajandome interiormente, sanando, cosechando y aún sin saberlo Creciendo a través del Duelo. Y pensé a pesar de lo ocurrido ahora soy mejor persona, más sencible, más cálida, más humana y a pesar de lo vivido: es bueno estar vivo y vivir la vida sea cual sea.

Fue en ese preciso momento que nacio en mi el deseo por que otros encaminen su proceso de transformacion, por que no se detengan, por que no se dejen abatir, por que se pemitan vivir, que logrén utilizar la adversidad como un eslabon de crecimiento personal y espiritual, por lograr conservar el recuerdo de su ser querido en un lugar especial dentro si, donde recordarlo te invite a sonreir, donde su compañia te permita seguir. Así nació el motor que mueve nuestra página, así se mantienen encendida nuestra luz, comenzo con muerte y se transformo en vida".


Los invitamos a Crecer a través del Duelo, los acompañamos en su dolor e incentivamos su transformación.

... Y justo cuando la ORUGA pensó que era su final,se transformó en MARIPOSA


domingo, 9 de febrero de 2014

¿Con cuántas lágrimas sana el corazón?

Así comienza el título de la carta de una madre, refiriéndose al dolor experimentado tras la pérdida de su hijo, agradezco a Lisbeth Serrano por compartir su escrito en el blog de Mirar al Cielo.

Tan sólo pocos minutos después de meditar esta pregunta, provoco en mí  el deseo por intentar contestarla, por buscar una respuesta válida y esperanzadora para todo doliente.

-“¿Con cuántas lágrimas sana el corazón?”-


Rápidamente repase una y otra vez la pregunta, llamando particularmente mi atención la frase de inicio: “¿CON CUÁNTAS LAGRIMAS?”, de inmediato pensé: la respuesta debe ser un número, una cifra exacta o proxima… los seres humanos buscamos siempre parámetros de medición que nos permita explicar en tiempos establecidos el inicio y término de una situación. Por lo que pienso contestar a esta pregunta más adelante en los mismos términos numéricos en que fue formulada.


Deseo ante todo comentar de manera breve el impacto que esta pregunta género en mi historia de vida; al reflexionar sobre ella recordé mi propia experiencia de duelo (la muerte de mi hermano), reflexione que las lágrimas resultaron buenas aliadas en ese momento, son reparadoras y poseen un poder curativo sorprendente; ayudan a sanar el alma cuando la descarga emocional es grande y resulta irreprimible (llorar es un alivio y un consuelo incomparable).

Liberar tus emociones es salud mental; limpiarse, oxigenarse y purificar tus sentimientos  te preparan para seguir adelante. Al permitir que las lágrimas broten sin atadura, ni represión alguna en el momento y lugar adecuado; sucede algo maravilloso: no sé si te vuelves más fuerte, o si tus penas más livianas… pero el sentimiento de alivio y paz interior surge inmediatamente después de un despliegue emocional importante.

La tristeza es una respuesta normal y esperada ante situaciones de estrés y desasosiego como las experimentadas durante el duelo. Todo tu mundo se pone de cabeza, no estamos preparados emocionalmente para sufrir una pérdida importante en nuestras vidas. Sin embargo, existe un tiempo prudente para vivir el duelo y “reponernos”. Es decir, retomar nuestras vidas y seguir adelante a pesar de… Sin embargo, hay personas que presentan una dificultad mayor al intentar retomar sus vidas y funcionalidad dentro de la sociedad tras un deceso; por lo que cabe destacar que la sobre producción desmedida de lágrimas y la expresión continua de una profunda tristeza que persiste a través del tiempo y te inhabilite para la reinserción, social, laboral, educativa, doméstica, o bien familiar no es sano. Las lágrimas en un escenario de sobre involucramiento y dolor adicionado por nosotros mismos, nos desgastan, nos sabotea, nos roba tiempo y energía vital, y además nos generan un semblante triste y gris, que nos insta a mirar la vida desde un panorama desmejorado y desesperanzador. Todo tiene su medida, hasta las lágrimas.

Por lo que nuevamente nos replanteamos la pregunta: “¿Con cuántas lágrimas sana el corazón?”, la respuesta no puede ser menos, tampoco más, solamente las suficientes, las realmente necesarias. Está bien llorar, liberar, soltar, es decir -llorar para sanar-, pero no es sano llorar con la intensión de torturarse y autocastigarse a sí mismo con una existencia sombría, sin desapegarse del sufrimiento por amor al difunto. No cofundamos amor con dolor, el amor que sientes por tu ser querido no es paralelo a la cantidad de lágrimas que derrames en su honor, sino al cariño o buenos recuerdos que grabaste en tu ser y permanecerán contigo por siempre… eso es amor por su recuerdo y agradecimiento por su existencia. El evitar situaciones de disfrute o placer por su ausencia o limitarnos a retomar nuestras actividades es como estar pagando un impuesto de dolor añadido. Viviendo un doble duelo, duelo por la muerte de tu ser querido, y duelo por la pérdida de tu vida aún en vida. Recuerden que el dolor y el sufrimiento no significan lo mismo, yo puedo atravesar una situación de dolor en mi vida, pero yo elijo cuanto tiempo decido sufrirla. 

A nivel personal me gusta creer en algunas ocasiones, en posibilidades diferentes a las que dicta la ciencia, tal vez un tanto más de un paradigma metafísico o divino, les explico: cuando en compañía o en soledad, te permites sentir tu tristeza, tu dolor y dejarlo salir; además de ser un comportamiento liberador de tensiones y una necesidad para el equilibrio fisiológico y emocional;  es como si algo más allá… algo más allá de tu ser te comprendiera, te escuchara y te reconfortara; alguien diferente a quienes te acompañan en ese momento. De manera fantasiosa o divina podríamos pensar: ¿será nuestro ángel?, incluso ¿Dios? o ¿el universo en armonía con nuestro ser? es una sensación de serenidad que no alcanzo a explicar pero sucede.

A manera de conclusión y encontrando en mis palabras y experiencia  mi respuesta personal a la pregunta: ¿con cuántas lágrimas sana el corazón?, les diría: mi corazón sano recordando el número de sonrisas que compartí con mi hermano en vida…

Y tú, ¿cuántas sonrisas compartiste con tu ser querido?, o bien ¿cuántas sonrisas te provocó esa persona durante su existencia?, piensa en ello, recuerda. No cuentes lágrimas, cuenta sonrisas. Ese el verdadero tiempo y recuerdo que vale, es la mejor manera de sanar tu corazón. Reír es sinónimo de paz interior, de bienestar, y felicidad… obvia todo lo demás, réstale importancia a la culpa, a los enojos, a los enfrentamientos o a las discusiones, piensa que ya perdieron su efecto, en cambio esfuérzate por encontrar la paz en tu interior, perdónalos y perdónate. Y dedica 5 minutos a recordar tan sólo eso, las risas compartidas, los gratos momentos (si fueron muchos, si fueron pocos, no importa, lo importante es la intensidad) cuánto duro esa carcajada, esa mirada de complicidad y humor por algo que sucedió, recuerda cuántas risas fueron dedicadas, compartidas, recibidas o provocadas por tu ser querido; imagínalo a él o ella así, en su máxima expresión riendo, sonriendo y nuevamente sonríe junto a su recuerdo. 

Y pregúntate:  ¿con cuántas sonrisas es capaz su recuerdo de sanar tu corazón?.


Referencias Bibliográficas

L, Serrano. (2014). ¿Con cuántas lágrimas sana el corazón?, Blog Mirar al Cielo. Recuperado de: http://miraralcielo.net/2014/01/27/comparte-con-cuantas-lagrimas-sana-el-corazon/



A sus servicios,