Ensayo sobre Eutanasia:
“Al fin y al cabo, es mi vida”
Por: Kimberly Vargas Morera
El hombre no se destruye por sufrir.
El hombre se destruye por sufrir
sin ningún sentido.
Viktor E. Frankl
“¿Puede la eutanasia ser el
consuelo de una vida tormentosa?... ¿qué dolor puede provocar que un ser humano
sienta la urgencia de abandonar la vida?” (Behar, 2007.)
Este ensayo trata sobre el dilema ético
existente que sugiere el uso y aprobación de la eutanasia; pero analizando también
como la obstinación terapéutica impide en parámetros de dignidad: la buena
muerte; y cómo nuestra opinión hacia un dilema bioético de esta índole, sufre
un desequilibrio importante cuando se conoce y estudian ciertos casos en particular.
Y es que no se puede ser determinante o imparcial; se deben analizar los
conflictos éticos presentes y ser valorados con sensatez y prudencia. Pues
finalmente, presenciar el dolor del otro y no poder encontrar alivio, control,
soporte o contención al sufrimiento, remueve tu compasión.
Etimológicamente la palabra
“eutanasia" significa "buena muerte". Y es definida por la Euthanasia Society of America como la “terminación
de la vida humana por medios indoloros con el propósito de poner fin al grave
sufrimiento físico”. Añadiendo a la palabra eutanasia adjetivos como
"activa/pasiva", "directa/indirecta", "positiva /negativa",
que al final han generado una gran confusión para su entendimiento y
comprensión.
Montaigne, dice que: “la muerte
voluntaria es la más justa”. Lo cierto es, que toda solicitud debe someterse a
un análisis profundo de las circunstancias; y no me inclinaría personalmente ni
a favor, ni en contra. Es algo muy curioso, pero entre más información poseo de
la eutanasia y sus debates éticos, moralistas, científicos y religiosos, más
confusión me genera. Manteniéndome responsable o irresponsablemente en tierra
de nadie, vagando por el limbo ante una posición incierta.
El juramento hipocrático prohíbe la
interrupción de la vida, persiguiendo la preservación de la misma; no podemos
entregar la acción de dar muerte a quiénes salvan vidas. Sin embargo, ante un
panorama de dolor y sufrimiento inimaginables que quebrantan la dignidad humana
y limitan al enfermo a una “supervivencia obligada”, se vislumbran estas manos
como las más indicadas. Como bien lo dice Walt Kelly “Por fin conocimos al
enemigo, y resulta que somos nosotros”.
En internet abundan numerosas
opiniones, conceptos, sátiras e interpretaciones. Desde su génesis el término
de “eutanasia” se le ha atribuido a variadas acciones u omisiones, destinadas a
interrumpir la vida o facilitar la muerte de un enfermo desahuciado. Realizadas
en su mayoría por médicos en países donde se vislumbra como un derecho; pero
también se debe considerar la práctica clandestina existente realizada y
motivada por la “compasión” en países donde la misma no ha sido aprobada. Pues
entra en juego otros factores a considerar: ¿la muerte es una solicitud expresa
del paciente? o se trata más bien, de un “favor” que un familiar, allegado o
profesional de salud perpetra en “¿beneficio del paciente?”. Otorgándole entonces
el calificativo y peso legal y judicial al concepto de homicidio por compasión,
cuando se limita la vida de un ser humano sin su consentimiento expreso por “ahorrarle”
dolor y sufrimiento.
Gómez Sancho (2018), referente y
autoridad mundial de los cuidados paliativos, considera que: “matar a los que
sufren nunca puede ser progresista; lo reaccionario es acabar con los enfermos
indefensos y lo progresista es cuidarlos”. Séneca por su parte, menciona que:
“hay una gran diferencia entre un hombre que prolonga su vida o su muerte. Si
el cuerpo ya no sirve para nada, ¿por qué no debería liberarse el alma
atormentada?”
Abundan las posiciones contrapuestas
hacia la eutanasia; de hecho es hasta usual encontrar que cada bando cuenta con
argumentos científicos y moralistas muy elocuentes. Que dificulta aún más el
riesgo de asumir una posición clara y objetiva ante el dilema bioético
expuesto. Complicándose aún más la tarea cuando se comienza a cuestionar su
práctica en niños y adolescentes; y en esto, países como Colombia ya ha
reglamentado la ley para su aplicación. Y no podemos etiquetar de inhumano,
crudo o cruel ningún planteamiento sin habernos informado de sus bases
ideológicas, explorando sus pilares teóricos, éticos y moralistas.
Se necesita apertura mental y el
estudio cercano de casos concretos, para constuirnos una idea de cómo responder
cuando nos solicitan ¿muerte digna? Es un tema muy árido, con aristas muy
delgadas, donde fácilmente se puede traslapar.
Cierro el debate o quizá inicio uno
nuevo con las severas pero certeras palabras de Pablo Rodríguez del Pozo cuando
plantea: “Un análisis de las
circunstancias que provocan la petición de un derecho a la eutanasia lleva a
mirar como una hipocresía cruel el hecho que una sociedad, después de haber
despojado a una persona de su dignidad pretenda ofrecerle, por dignidad, el
derecho a la eutanasia”.
El tema es tan amplio que daría
para escribir mucho más sobre él, pero a modo de conclusión de este ensayo
termino sin una posición clara ante esta práctica; pero con una deuda enorme
por esforzarnos aún más por entender, comprender, empatizar con las voluntades
de nuestros pacientes, escuchando sus razones sin juzgar sus decisiones.
“Ningún moribundo pedirá una
inyección letal si lo cuidas con amor
y le ayudas a arreglar sus problemas pendientes”
Elisabeth Kübler-Ross
Referencias Bibliográficas:
Behar, D. (2007). “Cuando la vida ya no es vida:
¿eutanasia?”. 1 ed. Editorial Pax México: México.
Gómez, M. (2018). Entrevista: “Matar a los que sufren
no es progresista”. Obtenido de: https://www.abc.es/sociedad/abci-matar-sufren-no-progresista-201806262222_noticia.html
Humanizar. (Setiembre-octubre 2018). ¿qué pasa con la
eutanasia? Nº160.
Revista para la humanización del mundo de la salud.
