Compartimos el enlace del Conversatorio Internacional: "el ritual como despedida", del que gustosamente participamos en el panel de expertos, compartiendo conocimiento y experiencias con profesionales de España y Perú.
sábado, 25 de julio de 2020
sábado, 12 de octubre de 2019
Carta a un Paciente Paliativo
Hola, quiero escribirte esta carta para de
alguna forma animarte… animarte a vivir intensa y plenamente el tiempo que
tienes. No acostumbramos como sociedad ni como individuos a pensar que todos
tenemos una permanencia limitada en este lugar, reflexionar sobre nuestra
condición de finitud nos asusta, pero no pensar sobre ella nos roba la
oportunidad de tomar consciencia que tenemos la capacidad de decidir y procurar
vivir la vida que queremos vivir, aún cuando esta se encuentre amenazada por un
diagnóstico, por una enfermedad.
Al final de la vida solemos reprocharle al
tiempo su escape y su huida, pero realmente el tiempo te da, antes de quitarte.
En nosotros está decidir como usar y como gastar el tiempo que nos queda.
Pensarnos finitos, nos asusta. Pensar en
la posibilidad de no volver a ver a quienes amamos nos angustia, por eso rodearse
de quienes más amas y aprovechar cada segundo compartido para comunicar amor y procurar
coleccionar huellas que nunca irán al olvido.
Cuando morimos nos llevamos las experiencias,
los recuerdos, los momentos; nos marchamos llenos de amor en la medida que
supiste también amar a los otros. Por eso no te detengas pensando cuánto tiempo
tienes, cuántos días o meses quedan. Que te sorprenda la vida disfrutando de
todos estos días en los que todavía la muerte no llega.
Dale espacio a tus emociones, cuales
quieran que sean, porque tienes derecho, es normal y hasta es esperado sentirte
como te sientes. Vívelas, compártelas sanamente, que incluso en la emoción más
temida por todos (la tristeza), encontramos el regalo más grande. La tristeza
tiene el poder de convocar y de reunir a los otros para ti, moviliza redes de
apoyo, te busca acompañante, porque es en nuestros momentos más tristes cuando
descubres el amor incondicional, ese el verdadero, el que no acostumbramos
comunicar.
Mira a tu familia, mírala bien, descubre
en ellos tu presencia. Por que todos dejamos algo y nos llevamos algo. Estás a
tiempo de pensar, de planear y de vivir tu legado. Que si al final de cuentas
nos toca morir, garanticémonos viajar ligeros. Resolver asuntos pendientes,
disculpar, perdonar, amar y agradecer a otros. Por que si al final de cuentas
este es verdaderamente tu final; mereces dar un cierre digno a tu existencia.
Nadie muere diferente de como ha vivido, así que estás a tiempo… todavía te
queda tiempo, inviértelo en lo más importante para ti, úsalo bien y te
garantizo que no necesitarás más.
Atentamente: Kimberly Vargas Morera
Psicóloga Paliativa
Costa Rica
viernes, 25 de enero de 2019
Dilema ético sobre Eutanasia
Ensayo sobre Eutanasia:
“Al fin y al cabo, es mi vida”
Por: Kimberly Vargas Morera
El hombre no se destruye por sufrir.
El hombre se destruye por sufrir
sin ningún sentido.
Viktor E. Frankl
“¿Puede la eutanasia ser el
consuelo de una vida tormentosa?... ¿qué dolor puede provocar que un ser humano
sienta la urgencia de abandonar la vida?” (Behar, 2007.)
Este ensayo trata sobre el dilema ético
existente que sugiere el uso y aprobación de la eutanasia; pero analizando también
como la obstinación terapéutica impide en parámetros de dignidad: la buena
muerte; y cómo nuestra opinión hacia un dilema bioético de esta índole, sufre
un desequilibrio importante cuando se conoce y estudian ciertos casos en particular.
Y es que no se puede ser determinante o imparcial; se deben analizar los
conflictos éticos presentes y ser valorados con sensatez y prudencia. Pues
finalmente, presenciar el dolor del otro y no poder encontrar alivio, control,
soporte o contención al sufrimiento, remueve tu compasión.
Etimológicamente la palabra
“eutanasia" significa "buena muerte". Y es definida por la Euthanasia Society of America como la “terminación
de la vida humana por medios indoloros con el propósito de poner fin al grave
sufrimiento físico”. Añadiendo a la palabra eutanasia adjetivos como
"activa/pasiva", "directa/indirecta", "positiva /negativa",
que al final han generado una gran confusión para su entendimiento y
comprensión.
Montaigne, dice que: “la muerte
voluntaria es la más justa”. Lo cierto es, que toda solicitud debe someterse a
un análisis profundo de las circunstancias; y no me inclinaría personalmente ni
a favor, ni en contra. Es algo muy curioso, pero entre más información poseo de
la eutanasia y sus debates éticos, moralistas, científicos y religiosos, más
confusión me genera. Manteniéndome responsable o irresponsablemente en tierra
de nadie, vagando por el limbo ante una posición incierta.
El juramento hipocrático prohíbe la
interrupción de la vida, persiguiendo la preservación de la misma; no podemos
entregar la acción de dar muerte a quiénes salvan vidas. Sin embargo, ante un
panorama de dolor y sufrimiento inimaginables que quebrantan la dignidad humana
y limitan al enfermo a una “supervivencia obligada”, se vislumbran estas manos
como las más indicadas. Como bien lo dice Walt Kelly “Por fin conocimos al
enemigo, y resulta que somos nosotros”.
En internet abundan numerosas
opiniones, conceptos, sátiras e interpretaciones. Desde su génesis el término
de “eutanasia” se le ha atribuido a variadas acciones u omisiones, destinadas a
interrumpir la vida o facilitar la muerte de un enfermo desahuciado. Realizadas
en su mayoría por médicos en países donde se vislumbra como un derecho; pero
también se debe considerar la práctica clandestina existente realizada y
motivada por la “compasión” en países donde la misma no ha sido aprobada. Pues
entra en juego otros factores a considerar: ¿la muerte es una solicitud expresa
del paciente? o se trata más bien, de un “favor” que un familiar, allegado o
profesional de salud perpetra en “¿beneficio del paciente?”. Otorgándole entonces
el calificativo y peso legal y judicial al concepto de homicidio por compasión,
cuando se limita la vida de un ser humano sin su consentimiento expreso por “ahorrarle”
dolor y sufrimiento.
Gómez Sancho (2018), referente y
autoridad mundial de los cuidados paliativos, considera que: “matar a los que
sufren nunca puede ser progresista; lo reaccionario es acabar con los enfermos
indefensos y lo progresista es cuidarlos”. Séneca por su parte, menciona que:
“hay una gran diferencia entre un hombre que prolonga su vida o su muerte. Si
el cuerpo ya no sirve para nada, ¿por qué no debería liberarse el alma
atormentada?”
Abundan las posiciones contrapuestas
hacia la eutanasia; de hecho es hasta usual encontrar que cada bando cuenta con
argumentos científicos y moralistas muy elocuentes. Que dificulta aún más el
riesgo de asumir una posición clara y objetiva ante el dilema bioético
expuesto. Complicándose aún más la tarea cuando se comienza a cuestionar su
práctica en niños y adolescentes; y en esto, países como Colombia ya ha
reglamentado la ley para su aplicación. Y no podemos etiquetar de inhumano,
crudo o cruel ningún planteamiento sin habernos informado de sus bases
ideológicas, explorando sus pilares teóricos, éticos y moralistas.
Se necesita apertura mental y el
estudio cercano de casos concretos, para constuirnos una idea de cómo responder
cuando nos solicitan ¿muerte digna? Es un tema muy árido, con aristas muy
delgadas, donde fácilmente se puede traslapar.
Cierro el debate o quizá inicio uno
nuevo con las severas pero certeras palabras de Pablo Rodríguez del Pozo cuando
plantea: “Un análisis de las
circunstancias que provocan la petición de un derecho a la eutanasia lleva a
mirar como una hipocresía cruel el hecho que una sociedad, después de haber
despojado a una persona de su dignidad pretenda ofrecerle, por dignidad, el
derecho a la eutanasia”.
El tema es tan amplio que daría
para escribir mucho más sobre él, pero a modo de conclusión de este ensayo
termino sin una posición clara ante esta práctica; pero con una deuda enorme
por esforzarnos aún más por entender, comprender, empatizar con las voluntades
de nuestros pacientes, escuchando sus razones sin juzgar sus decisiones.
“Ningún moribundo pedirá una
inyección letal si lo cuidas con amor
y le ayudas a arreglar sus problemas pendientes”
Elisabeth Kübler-Ross
Referencias Bibliográficas:
Behar, D. (2007). “Cuando la vida ya no es vida:
¿eutanasia?”. 1 ed. Editorial Pax México: México.
Gómez, M. (2018). Entrevista: “Matar a los que sufren
no es progresista”. Obtenido de: https://www.abc.es/sociedad/abci-matar-sufren-no-progresista-201806262222_noticia.html
Humanizar. (Setiembre-octubre 2018). ¿qué pasa con la
eutanasia? Nº160.
Revista para la humanización del mundo de la salud.
domingo, 19 de agosto de 2018
domingo, 5 de agosto de 2018
“LA MUERTE: Un asunto de todos”
“LA MUERTE: Un asunto de todos”
Por: Licda. Kimberly Vargas Morera,
Psicóloga 7325
La muerte como diría Fernando
Rivera Calderón en su diccionario del caos: “Es un pequeño fin del mundo que
todos llevamos dentro”. Culturalmente ocultamos la muerte y tratamos de
protegernos de ella; evitando mencionarla o siquiera pensarla. Manteniendo
irracionalmente la idea que nombrarla es llamarla, pero escapar a su mención no
nos vuelve inmunes a ella. La certeza
más grande que todos poseemos es que algún día moriremos, sin embargo: “todos
mueren, pero no todos viven”.
Sobre la muerte se habla y se
escribe poco, contribuyendo con esto al halo de misterio y sumándole a la
muerte una visión catastrófica, adquiriendo
con esto mayor carácter de tabú. Lo cierto es que la muerte ha buscado
ser definida y entendida desde dos grandes vertientes: la primera de orden
religioso y de corte espiritual y la segunda responde a una postura
médico-científica. Pero ninguna de las dos es dueña de la verdad absoluta. Por
lo que la incertidumbre ante el destino del alma o la posición biologuista de
la vida; resultan ser insuficientes. Tampoco cumplimos el “orden natural de la
vida”, pues no se muere sólo cuando se envejece, morimos jóvenes, morimos viejos,
morimos saludables o morimos enfermos, algunos de forma súbita y otros
anunciada; y no sólo es relevante la forma de morir, sino el significado
simbólico que adquiere en la cultura que nos vio nacer. En el oriente la muerte
es una celebración que simboliza la paz, la transformación y la trascendencia,
permitiéndole al otro agradecer su presencia y bendecir su existencia; en
occidente en cambio asociamos la muerte con dolor y sufrimiento, la convertimos
en un estímulo de miedo, por eso rechazamos con vehemencia todo lo referente a
ella. No sabemos morir en una cultura que quizás tampoco sabe vivir. Olvidamos
mirar, olvidamos abrazar y olvidamos estar. La rutina de la vida nos atrapa en
un curso de sobrevivencia y egocentrismo, donde nos centramos todo el tiempo en
nosotros mismos.
La muerte trae consigo la
capacidad de humanizar, de vulnerabilizar pero principalmente de revelar. Al
aproximarnos a la muerte de un ser querido o a la propia, reevaluamos nuestras
decisiones y cuestionamos nuestras experiencias. Porque cuando te acercas a tu último
momento las apariencias se desvanecen por completo y tus verdaderos deseos y
voluntades aparecen. Morir es un acto
único; sólo se muere una vez y eso deja una marca imborrable entre los que quedan. El maestro Enric Benito
comenta que: “los ojos de los moribundos son espejos donde nos vemos
reflejados”, pues al hablar de la muerte no nos aproximamos ni nos alejamos de
ella, pero sí reafirmamos la vida.
Lo que nos invita a reflexionar y
a mantener una actitud diferente frente a la muerte desde el inicio de la vida
y no al momento de la muerte, de tal forma lograríamos incorporarla a nosotros
de una forma natural. Pues al final de cuentas temerle a la muerte es también una
construcción social. Las personas aunque con gran dificultad logran integrar las
muertes de otras personas, no están dispuestas a lidiar con la idea de la
muerte propia y los mecanismos de defensa de rechazo y temor comienzan a
actuar.
En esta vida, en esta realidad lo único que venimos a aprender es amar.
Por lo que la muerte nos viene a enseñar que lo más valioso que tenemos no es
el dinero, ni la fama, ni el poder, es el tiempo; puedes producir más dinero,
más fama o poder, pero no producir más tiempo. Por eso valora cada segundo que
entregas a otro y aprecia cada minuto que te obsequian otros, pues lo más
valiosos que tenemos es el tiempo que compartimos con otros.
La muerte es cosa de todos, pues
es nuestra verdad más universal, pero también lo es la vida. Por tanto disfruta
a plenitud del tiempo que transcurre entre esos dos grandes silencios: el
nacimiento y la muerte. La gente no muere diferente de cómo ha vivido por eso
aunque un día moriremos, no te pierdas de vivir los demás días.
Quien se va necesita aceptación
de lo vivido, de lo bonito y de lo no tan bonito, pero también conexión con lo
querido. Así que procura llenarte de experiencias de vida completas, vive cada
emoción con intensidad pero principalmente con autenticidad, finalmente como
bien dice mi querida Elisabeth Kubler Ross, cada quien tiene su propio cielo.
Más información:
Whatsapp (506) 8436-3147
Whatsapp (506) 8436-3147
creciendoatravesdelduelo@gmail.com
lunes, 28 de mayo de 2018
Piensa que un día te vas a morir.
Piensa que un día te vas a morir.
Por Kimberly Vargas Morera
Directora de Creciendo a través del duelo
«No le temamos a la vida
y mucho menos a la muerte,
porque quien tenga vida,
vida le dará a todo,
aún a su propia muerte»
Anónimo
Pensar que un día moriremos, es
quizás la forma más eficaz para procurar disfrutar conscientemente de la vida y
del tiempo que nos queda en ella. No somos seres eternos, aunque nuestro
comportamiento social así lo sugiera. Vivimos como si nunca fuésemos a morir y
morimos como si no hubiésemos vivido; reflexionando hasta el final de nuestra
vida acerca de todo aquello que quedó pendiente, no resuelto o sin alcanzar; y
es que bien lo ilustra una frase popular que asevera: “No se muere diferente de
cómo se ha vivido.”
Lo fundamental sería entonces
cuestionarnos, ¿he vivido/vivo a medias?.. dice Coelho que “El hombre es el
único ser en la naturaleza que tiene conciencia de que va a morir. No se da
cuenta de que, con la conciencia de la muerte, sería capaz de ser más osado, de
ir mucho más lejos en sus conquistas diarias, porque no tiene nada que perder,
ya que la muerte es inevitable…”.
Y es que tener la certeza de
morir, no le resta brillo a la vida, todo lo contrario; la enciende. Hablar de
la muerte te permite alcanzar la consciencia de la finitud de la vida y medir el
verdadero valor de lo realmente esencial.
En vida perseguimos sueños y fantasías de poder, prosperidad,
fama y triunfo; sueños que se destiñen por completo ante el peso de la muerte.
Comprendiendo que el verdadero tesoro del hombre, radica en el tiempo y más aún
en el tiempo que le brindas a otro. Destacando la importancia de las acciones
que ejecutes hoy y que serán las consecuencias del mañana. Es decir, si
murieras hoy, haz pensado… cómo te recordarían mañana?, ¿Cuál ha sido tu
legado?, ¿qué haz sembrado en los otros?. Elisabeth Kübler-Ross nos comenta que
deberíamos estar más preocupados por lo que hacemos hoy: “Si hoy tomáis la opción
más elevada en todo, no sólo en vuestros actos, sino también en vuestras
palabras y en vuestros pensamientos, el momento de vuestra muerte será un
momento maravillosamente feliz”.
No tener o evitar la oportunidad
de abordar este tema con calma y serenidad, sin que signifique la aproximación
a una muerte anunciada, nos aleja de la vida. No tener capacidad de tomar decisiones
de cómo morir, antes de morir nos impide vivir una buena muerte y por
consiguiente; también nos impide a vivir una buena vida. Por el contrario poder
redactar nuestro testamento y planificar nuestra muerte con todo lo que esto implica:
rituales religiosos y mortuorios, aun así considerándonos “sanos” o llenos de
vitalidad, nos permite recibirla con menos dificultad cuando el momento haya
llegado. Además quienes nos sobrevivan, sabrán cómo vivir su duelo de manera
sana, sin temor ni culpas de haber faltado a nuestra voluntad.
Bien funciona crear una libreta y
que nuestra familia sepa de su existencia y que podamos titular: “cuando yo
muera…”, describiendo en ella gustos, solicitudes, voluntades, condiciones,
herencias, legados y valores. Con la posibilidad de escoger incluso lo que desee
que diga su epitafio, decidir si desea ser cremado o sepultado, dónde morir,
dónde ser enterrado, cómo vestir y qué decoración tendrá usted en su funeral. Es
su despedida de esta experiencia terrenal, ¿la dejará en manos de otros? Piense
que podrá usted elegir la música, los bocadillos y hasta la permanencia o no de
los asistentes.
El famoso teólogo Josep Gil considera
que:”a lo largo de nuestra vida estamos construyendo nuestra muerte, pues el último
aliento que expiramos puede contener todo lo que hemos hecho bien y a la vez,
todo lo que no hemos llegado a hacer”. Y es que la muerte debe ser hablada,
mirada de frente, escuchada y acompañada. Debemos educarnos y educar para que
eso sea posible, instruyendo a nuestros hijos a que no tengan miedo a vivir y
tampoco a morir. Por no hablar de la muerte no sabemos cómo manejar nuestro
propio duelo, si habláramos de ella, nos sentiríamos más cómodos con las emociones
que sentiríamos con el duelo. Kübler-Ross nos dice que entonces: “empezarías
a daros cuenta que cada palabra y cada acto afecta vuestra vida y también alcanza
a miles de otras vidas.” Y Alejandro Jadad por su parte, agregaría que: “La certeza
de morir es el mayor incentivo que tenemos para lograr una vida plena, feliz y
llena de amor”.
Sin embargo vivimos en una
sociedad que a diario niega conscientemente la muerte, lo cual acaba irremediablemente
también por negar la vida. Es por esto que resulta fundamental que la muerte
deje de ser un tabú y comencemos a conversar más sobre ella. Cada persona sabe
y conoce la condición inherente de finitud, pero la obvia con ligereza,
sintiéndola lejana e impersonal. Incluso hasta podría advertir que esa
respuesta evitativa explicaría un temor profundo a veces no reconocido
conscientemente hacia la muerte. Hablar
sobre aquello que tememos es el primer paso para reducir nuestro miedo.Como bien lo menciona Joan
Carles Mélich, con frecuencia:” la sociedad olvida que no mueren los viejos,
sino los vivos”. Joan critica que vivimos en una sociedad que sólo piensa y
acepta la muerte como una cosa de gente mayor, una cuestión de aproximación al
final del ciclo de vida. Pero hemos entendido el ciclo de vida como una norma
universal, que ciertamente no todos cumplen. La gente no muere cuando envejece,
la edad no es una característica única ligada al fallecimiento, el único verdadero requisito para morir,
finalmente es vivir.
La muerte siempre sorprende, a
cualquier edad, de cualquier forma… Nos va tocar morir y ver morir a nuestros
seres queridos, como ya lo he mencionado, somos una cultura que por naturaleza
niega la muerte. En la actualidad hay menos capacidad de luto, menos espacio
para el dolor. La vida acelerada nos reduce espacios de intimidad y conexión
con nosotros mismos. Comenzando incluso, por la falta de instrucción que
recibimos ante la primer asistencia a una vela. No sabemos perder, no sabemos
morir… Sin embargo cabe la pena destacar que quien se va en paz, deja en paz a
los suyos, y ese regalo es el mayor tesoro conocido.
Como comentario final a este
escrito me gustaría concluir que: la
vida sería mucho más fácil, si habláramos de la muerte.
miércoles, 5 de octubre de 2016
El poder de los abrazos.
Hemos sobre estimado el verdadero poder de los abrazos, abrazamos con frecuencia pero no con una conexión real con el otro. Hemos superado distancias y barreras tecnológicas, pero no sabemos como crear auténtica cercanía; la vida nos empuja a la competencia, la prisa y la rutina y los abrazos son cada vez más pequeños y su trayectoria es casi fugaz. Lo cierto es, que no estamos dedicando el tiempo necesario para abrazar, no estamos aprovechando el disfrute del vinculo y la cercanía con el otro, rehusándonos de manera inconsciente a los múltiples beneficios que nos brinda el abrazo. No debemos tomar ni brindar un abrazo a la ligera, queda una sensación de vacío, incomprensión, falta de empatía y un sin sabor corporal.
El abrazo es una respuesta natural ante ciertas circunstancias, un constructo cultural y social e inclusive una verdadera necesidad humana. Abrazamos como saludo y como despedida, en tiempos de triunfo y celebración así como en tiempos de pena y aflicción. Incluso es la forma oficial como desde pequeños solucionamos nuestras diferencias. Aprendimos que el abrazo, es la primer manifestación de amor que todos los seres humanos sentimos; pero este va mucho allá del simple hecho de mostrar cariño o afecto. Un abrazo sincero y cálido cuenta con el poder necesario para mejorar nuestro estado de ánimo. La cercanía corporal con el otro nos permite una sensación de seguridad, confianza y protección, además de producir un resultado recíproco.
Existen variedad de abrazos en intensidad, intencionalidad y frecuencia, abrazos para el cuerpo y abrazos para el alma. En tiempos de adversidad la acción de abrazar es un proceso sanador, que brinda alivio y consuelo. Un abrazo solidario no resuelve el conflicto o el motivo de nuestra tristeza, pero aliviana la carga.
Números estudios científicos demuestran que el abrazo posee incluso implicaciones reales en el mejoramiento de nuestro bienestar:
- Reduce el nivel de estrés y ansiedad
- Mejora la presión arterial
- Fortalece el sistema inmunológico
- Beneficia el sistema cardio vascular
- Reduce el riesgo de padecer demencia
- Mejora la autoestima
- Promueve mejores y duraderas relaciones personales
- Genera felicidad
- Aumenta el estado de paz y armonía
- Demora el envejicimiento
¿Qué tan dispuestos estamos a recibir o brindar abrazos?
El acto de abrazar puede comunicar más amor en 5 segundos, que la palabra en 5 minutos.
Lo único que se necesita es sentir el amor y demostrarlo.
¡Déjate Abrazar!
Abraza a tu pareja, familia, compañeros, amigos, conocidos, pero sobre todo:
ABRAZA LA VIDA.
“Quiero un mundo donde las personas sean respetadas por la facilidad y calidez con que se funden y no por la fortaleza de sus murallas"
Kathleen Keating
Un abrazo cambia todo…

Licda. Kimberly Vargas Morera
Directora Creciendo a través del duelo
martes, 1 de diciembre de 2015
Los invitamos a escuchar, comentar y compartir nuestra participación en la radio: "Hablemos de Duelo", en el Programa Somos Emprendedores, Radio Bahía Puntarenas.
Grabación: Programa en Vivo 07 de Noviembre, 2015.
https://www.youtube.com/watch?v=eMQAjYOmhM4
Grabación: Programa en Vivo 07 de Noviembre, 2015.
https://www.youtube.com/watch?v=eMQAjYOmhM4
miércoles, 11 de noviembre de 2015
sábado, 6 de diciembre de 2014
Navidad en Tiempos de Duelo
¡Vive Diciembre!
Comienza diciembre, una época difícil para quienes hemos perdido a un ser querido. Es ahora donde necesitamos estar más cerca, pues para muchos será la primera navidad sin ellos, y para otros, otra navidad sin el (ella). Recuerden que el proceso del duelo no es un proceso de olvido sino de aprender a recordar sin dolor. Y recordar su sonrisa, sus gestos, ocurrencias, su risa, agranda nuestro corazón, lo expande. Pues aunque hoy no está con nosotros... está en nosotros.
No perdamos el significado de la navidad, brindemole uno nuevo, uno positivo, no le teman a esta fecha. En diciembre acostumbramos a mirar atrás, y evaluar el año que hemos vivido, encontraremos de todo: risas, lágrimas, triunfos, fracasos, cambios, nacimientos y también pérdidas y muerte. Se reafirma la ausencia de quien ya no está, confirmamos la falta de alguien en la familia, y al mirar hacia delante, un año nuevo, una nueva posibilidad de imponernos retos, metas y sueños; pero para muchos en duelo los proyectos de vida se detienen, cuesta recibir con alegría estas fechas, la angustia y tristeza nos visita de nuevo, o tal vez aún no se ha ido del todo. Pero la navidad significa vida, significa nacimiento, y tu ser querido aún vive dentro de ti, en tus recuerdos y en tu corazón. Nadie muere cuando se recuerda.
Hay que saber como enfrentar y asumir esta fecha, saber integrarla, es más hay que saber vivirla y vivirla en plenitud. Si no sucede, el próximo Diciembre nos plantearemos la misma cuestión. Así año tras año. No se aislen de los demás, si te aislas ¿qué pasa con el resto de la familia? ¿les vamos a privar de un momento que podemos vivir en unión, recordando y disfrutando en alegría la vida?. EL AMOR NO ES SOLO PARA LOS QUE MURIERON.
Recrear la navidad, asumirla, enfrentarla y vivirla es un paso importante para la elaboración del duelo. Celebra la vida - sana tus heridas - pese a nuestro dolor ¡Vivamos diciembre!.
Ubicación:
Costa Rica
martes, 14 de octubre de 2014
¿Qué aprendiste del Duelo?
Popularmente
la gente te dice que de cada experiencia vivida positiva o negativa aprendes
"algo", bueno o malo, aprendes a repetir o extinguir conductas pero
indiferentemente no hay situación que no genere un aprendizaje; aunque esta
regla universal, me parecía carente de significado en aquél momento, e incluso
la percibía como absurda en un principio, al menos durante aquél momento cuando
la muerte decidió llevarse a mi ser querido: ¿qué iba yo aprender de esto?,
¡nada bueno tenía!, ¡nada positivo que rescatar!, lo peor sucedía, y el dolor
no parecía sanar.
Sentía profunda tristeza, ira, me enemiste con Dios durante un
tiempo, era muy injusto todo lo que ocurría. Pero conforme te vas moviendo en
tu duelo, conforme avanzas en tu proceso, te das cuenta que verdaderamente el
duelo enseña algo... la muerte te acerca a la vida, la muerte paradójicamente
te enseña a vivir.
Aprendes a ser más humano ante el dolor de otros, adquieres una
actitud solidaria desde lo más auténtico de tu ser, la humildad te brinda una
importante lección de vida y tu sensibilidad aumenta a un alto nivel; el duelo
por un ser querido te enseña cuáles cosas en la vida son realmente valiosas.
Descubres el poder del amor, la unión, la compañía, la amistad, el valor de una
sonrisa y entiendes el profundo poder de los abrazos.
Piensas en lo que otras personas han podido sufrir con una
pérdida, y te percatas de la cantidad de gente que sufre en el mundo, ya no
eres ajeno a ese dolor, ahora lo entiendes, ahora también lo vives.
Restas valor a lo material, te desprendes fácilmente de lujos, el
dinero y los bienes materiales carecen de importancia, eso no da felicidad y
verdaderamente, pierden su valor ante la muerte. Te vuelves mucho más
consciente de tu propia muerte (uno de los descubrimientos más reveladores
quizás, puesto que aunque todos conocemos nuestra condición de finitud, vivimos
como si no fuera nuestra verdad) recuerdas que tarde o temprano todos morimos y
que el tiempo que verdaderamente vale es este, es hoy, es ahora. Aprendes a
disfrutar y no dejar pasar por desapercibida cada oportunidad para comunicar lo
que sientes por otro ser humano.
Aprendes que no merece la pena enfadarse por pequeñas cosas,
aprendes a no juzgar a nadie por sus actos, todos cargamos una dosis de dolor
en nuestras vidas y buscamos de alguna manera comenzar a sanar; aunque a veces
no tomemos las mejores decisiones.
En el duelo recibes aunque para un cruel momento, un precioso
regalo. Te das cuenta y reconoces desde el corazón a las personas que realmente
te quieren y que se preocupan por tu bienestar. Aprendes a acercarte a Dios,
confiando plenamente en su promesa, esperando pacientemente la alegría del
reencuentro, pero sin olvidar vivir intensamente cada segundo de tu vida. La
experiencia del duelo puede enseñarte a prepararte para morir viviendo una gran
vida, también puede enseñarte la noble tarea de acompañar a otros que sufren y
salir al paso del dolor ajeno por la pérdida de un ser querido. Como bien lo
menciona José Carlos Bermejo: "Quiero pensar en el dolor sin negarlo, sin
dulcificarlo, pero también sin reducirlo a una experiencia oscura y sin
salida". Quizá con esta experiencia aprendí a practicar y entregar nuestra
verdad más grande y hermosa: el amor.
Sentir
dolor después de una pérdida es normal e incluso esperado, te duele porque
amaste. Tu dolor es una prueba de que estás viv@ y una señal de que tú eres
capaz de reaccionar ante las distintas experiencias de la vida. Pero y tú qué decides hacer
con tu dolor, ¿padecerlo y transformarlo?, o ¿evitarlo y nunca sanarlo?.
Yo decido hacer algo con él, decido transformarlo, utilizarlo para dar
al otro, decido ayudar y dar a los demás y así he descubierto que se sufre
menos, es decir, el dolor es el mismo por su puesto, pero se hace más liviano o
tal vez... yo me vuelvo más fuerte.
¿Y tú que aprendiste de tu duelo?
¿Qué decides hacer con tu dolor?
El siguiente vídeo, fue especialmente editado para ti, que al igual que yo, lloramos porque amamos.
Referencias
Bermejo, J.C. (2013). Estoy en Duelo. 10 ed. PPC: España.
martes, 22 de julio de 2014
Cicatrices
Todos coincidiríamos al pensar, que cada cicatriz relata una historia, cada cicatriz esconde las huellas de nuestro pasado; cada cicatriz cuenta una situación de dolor que ha cerrado, que ha cicatrizado… ya no duele como antes, pero indudablemente la herida fue tan profunda, que nos ha marcado para toda la vida.
Contamos con cicatrices
perceptibles a la vista o tacto de las personas, pero también escondemos dentro
de nosotros mismos cicatrices que no son visibles a simple vista. Cicatrices
emocionales, de situaciones de duelo y pérdida, cicatrices que tal vez han
provocado mucho más daño, y mucho más dolor en nuestra historia de vida que el dolor experimentado por una pierna rota. Cicatrices
al cuerpo, o cicatrices al corazón, con diferentes formas y diferentes
significados, e incluso diferente percepción del dolor.
Hay cicatrices provocadas por una
caída de una bicicleta en nuestra infancia antes de conquistar el equilibrio,
alguna seña en nuestro cuerpo que compruebe nuestra lucha y derrota a la
varicela, un corte en la rodilla por rescatar a un animal en apuros, un raspón
en la cabeza por jugar y disfrutar con amigos, cicatrices dibujadas mientras nos encontrábamos creciendo y
dominando habilidades para la vida. Cicatrices vividas bajo una marco de disfrute o satisfacción de logro.
A medida que crecemos, estamos expuestos a todo tipo de cicatrices. Podemos adquirir cicatrices por nuestro primer corazón roto, y el segundo, y el tercero... ¿recuerdas tu primera desilusión amorosa? ¿cuánto pudo llegar a doler?. También existen cicatrices provocadas por un accidente, enfermedad, quemadura o alguna intervención médica.
En su existente variedad también encontramos cicatrices hermosas, cicatrices de germinación de vida, como la que deja una cesárea durante el parto. Alguna cicatriz en busca del bienestar de otro, al donar un riñón y convertirte en medio y esperanza de vida para otro ser humano, o una cicatriz que te recuerde eternamente la virtud del agradecimiento al recibir un órgano que reemplace nuestros tejidos dañados para seguir viviendo.
A medida que crecemos, estamos expuestos a todo tipo de cicatrices. Podemos adquirir cicatrices por nuestro primer corazón roto, y el segundo, y el tercero... ¿recuerdas tu primera desilusión amorosa? ¿cuánto pudo llegar a doler?. También existen cicatrices provocadas por un accidente, enfermedad, quemadura o alguna intervención médica.
En su existente variedad también encontramos cicatrices hermosas, cicatrices de germinación de vida, como la que deja una cesárea durante el parto. Alguna cicatriz en busca del bienestar de otro, al donar un riñón y convertirte en medio y esperanza de vida para otro ser humano, o una cicatriz que te recuerde eternamente la virtud del agradecimiento al recibir un órgano que reemplace nuestros tejidos dañados para seguir viviendo.
Existen cicatrices de corte emocional
provocadas por la pérdida de una relación de pareja (divorcio/separación), o tal vez provocada por alguna palabra que te impactó negativamente en algún momento determinado de tu
vida. Cicatrices
de maltrato y desprecio, cicatrices de rechazo o burla, cicatrices que no
provocaste, pero que recibiste. Cicatrices que provocaste y que evadiste. Sin olvidar mencionar que no sólo hemos sido víctimas, también hemos sido perpetradores y hemos causado cicatrices en otros (inconsciente o
deliberadamente), pero también hemos dañado o lastimado a otros y ellos cargan
en su disfraz nuestras cicatrices, nuestras marcas. Hemos sido marcados y hemos marcado, reflexiona acerca de esto: las marcas que has dejado en otros, ¿conllevan un impacto positivo o negativo en sus vidas?.
Lo cierto es, que estamos hechos de
cicatrices no importa de qué tipo, las adquirimos desde que nacemos, es quizás
nuestro ombligo la cicatriz más hermosa que todos poseemos... Todas y cada una de las
cicatrices que vestimos, independientemente de su causa o razón, todas
dolieron. Pero es tal vez más dolorosa la cicatriz que surge al perder, es esta
la misma razón por la que todos hemos llegado a esta página… porque hemos
perdido.
Una cicatriz por la pérdida de un
ser querido, es la cicatriz más difícil de cicatrizar, de cerrar, de sanar y de
superar. Enfatizando en la palabra la más difícil de cicatrizar, pero no por
esto significa que no pueda llegar a sanar. Cada cicatriz en nuestra vida es una
marca de crecimiento, cada pérdida (aunque parezca difícil comprenderlo), supone una ganancia, cada experiencia de dolor, trae consigo una lección de
vida, cada experiencia lejos de contar con la intensión de la tan frecuente interrogante del ¿por qué?, nos invitan a reflexionar por la conciencia reveladora del ¿para qué?. Siéntete orgulloso (a), de cada cicatriz en tu corazón; cada una trae
consigo una ganancia; incluso la muerte.
Tal vez sean las manos con más cicatrices las que saben con más suavidad acariciar. Suena ilógico pensar así (podrían re plantearse), pero lo cierto es, que bajo situaciones límite y de dolor es cuando descubrimos el auténtico sentido de la vida y el verdadero valor y significado de la palabra amor, amistad, compañía, gratitud y solidaridad...
Tal vez sean las manos con más cicatrices las que saben con más suavidad acariciar. Suena ilógico pensar así (podrían re plantearse), pero lo cierto es, que bajo situaciones límite y de dolor es cuando descubrimos el auténtico sentido de la vida y el verdadero valor y significado de la palabra amor, amistad, compañía, gratitud y solidaridad...
Desde el punto de vista biologuista, una cicatriz tarda
hasta dos años para regenerar adecuadamente el tejido dañado tras la herida; en el duelo es muy similar, la
elaboración del duelo puede tardar hasta dos años encontrándose aún bajo criterios
adecuados de sanación. La herida para sanar debe tener ciertos cuidados para así lograr cicatrizar: mantener limpia la zona afectada, aplicar solución salina,
protegerla de bacterias o posibles infecciones, suturar incisión, entre otros
cuidados médicos... así sucede también en el duelo, la persona necesita sanar su herida, limpiar ese dolor y durante el proceso puede experimentar negación, ira, tristeza, desesperanza, y poco a poco poder llegar a negociar con la realidad y asimilar lo ocurrido, hasta lograr aceptar la ausencia física de su ser querido. Pero aceptar la ausencia no es olvidar, aceptar es aprender a vivir con la cicatriz.
Algunas personas comentan que en ocasiones, mirar la cicatriz duele
más que la misma herida (y puede que tengan mucha razón), ¿cuántas veces por centrarnos sólo y exclusivamente en esa experiencia de dolor, nos olvidamos de que seguimos vivos?, ¿cuántas veces reflexionamos acerca de la presencia de otros seres que también amamos y que continúan aún con nosotros? - toma tu tiempo y reflexiona - ¿cuánto
tiempo miras tus cicatrices?, y con mucha más vehemencia cuestionate: ¿con qué sentido las miro, cuál es mi verdadera propósito? lo hacemos con la intensión de no olvidar los aprendizajes obtenidos y agradecer su aporte y crecimiento en nuestras vidas, o las miramos con la intensión de auto propiciarnos todavía más dolor y más sufrimiento.
-“Déjame sanar las heridas del
cuerpo, que las del corazón no se iran” le decía un hombre a su terapeuta.
- A lo que el terapeuta responde:
Las heridas de tu corazón no se irán si no decides trabajarlas, para sanar
debemos sangrar, la herida necesita sangre coagulada en su superficie para
comenzar a cicatrizar, para elaborar el duelo sólo existe un camino, debemos atravesar el dolor, atravesarlo pero no
quedarnos a vivir en él; las cicatrices en tu cuerpo, en tu alma y en tu corazón,
demuestran lo que has pasado, lo que has vivido y lo que has sufrido, más no
logran detallar con exactitud ¿cuánto te ha dolido?, ese dato sólo lo conoces
tú…
"Cada herida deja una cicatriz, que tiene una historia y que te recuerda todos los días que sobreviviste" (M.Marín). Las cicatrices brindan también un segundo mensaje, no sólo demuestran nuestra historia, demuestran también lo fuerte que hemos sido para sanar, cerrar, cicatrizar y seguir adelante; una cicatriz demuestra no sólo tu dolor o padecimiento, una cicatriz demuestra también tu fortaleza.
"Cada herida deja una cicatriz, que tiene una historia y que te recuerda todos los días que sobreviviste" (M.Marín). Las cicatrices brindan también un segundo mensaje, no sólo demuestran nuestra historia, demuestran también lo fuerte que hemos sido para sanar, cerrar, cicatrizar y seguir adelante; una cicatriz demuestra no sólo tu dolor o padecimiento, una cicatriz demuestra también tu fortaleza.
Independientemente del tamaño, color, dimensión o
profundidad de nuestra cicatriz, depende de nosotros cerrarlas o dejarlas
sangrar. ¿Dejará de doler? - no en su totalidad, pero no con la misma intensidad de su inicio.
Durante el proceso de cicatrización de una herida, esta dejará una marca, un rastro de que fue real, una seña de que si ocurrió, que forma parte de tu historia y que aunque dolió, fuiste más fuerte que aquello que te hirió. Al final de cuentas, las cicatrices son pruebas de que has vivido, nos duele porque estamos vivos.
El dolor también tiene sus marcas, pero seguido a la cicatrización deviene el crecimiento, y de cada marca en nuestro cuerpo algo hemos aprendido o algo hemos recordado. No escondas tus cicatrices ni con ellas la belleza detrás de su historia; tu esfuerzo, tu voluntad, tu valentía, tu coraje no debe permanecer oculto… una cicatriz significa, "No me deje derrotar". Debemos llevar nuestras cicatrices como símbolo de identidad, al final de cuentas “ellas me hicieron quien soy”.
Durante el proceso de cicatrización de una herida, esta dejará una marca, un rastro de que fue real, una seña de que si ocurrió, que forma parte de tu historia y que aunque dolió, fuiste más fuerte que aquello que te hirió. Al final de cuentas, las cicatrices son pruebas de que has vivido, nos duele porque estamos vivos.
¿Qué tan grande es tu herida hoy?, no importa que tan extensa o profunda sea tu herida, ¡puedes llegar a sanar!, no cubras tu herida con una banda, eso no la curara, sola la cubrirá a la vista de todos e incluso de tu propia vista, el suponer que no ocurrió no lo hace cierto, estar en duelo es conectarse con el dolor que nos causa la pérdida no huir de él.
El dolor también tiene sus marcas, pero seguido a la cicatrización deviene el crecimiento, y de cada marca en nuestro cuerpo algo hemos aprendido o algo hemos recordado. No escondas tus cicatrices ni con ellas la belleza detrás de su historia; tu esfuerzo, tu voluntad, tu valentía, tu coraje no debe permanecer oculto… una cicatriz significa, "No me deje derrotar". Debemos llevar nuestras cicatrices como símbolo de identidad, al final de cuentas “ellas me hicieron quien soy”.
Algunas personas sienten
vergüenza de sus cicatrices, las perciben feas y les da pena mostrarlas a
otros; otros en cambio, con orgullo las portan por el significado de su
historia en la vida propia o de alguien más. Quién posee numerosas cicatrices
en su cuerpo o corazón, sabrá entender a otro ser humano a quién su herida aun
no cicatrizó. Como un niño que observaba a un hombre con una gran cicatriz en su
rostro y colocando sus manos sobre las del hombre, le pregunto: - ¿quién te
provoco esa cicatriz?, el hombre sorprendido al no percibir temor por parte del
niño, le contestó:-la vida - el niño confundido cuestionó, - ¿ella te hizo esa
cicatriz?, - No, respondió con paciencia aquel hombre, - la cicatriz me la hizo el
tiempo, ella sólo me provocó la herida (Víctor de la Hoz).
Una cicatriz es una marca de
crecimiento personal, un símbolo de lucha, de atreverse a vencer el dolor, de
atravesarlo; una cicatriz es una historia vencida, sin embargo al dejar marca,
sabemos y entendemos que la pérdida se supera pero nunca se olvida.
Las cicatrices nos muestran donde hemos estado... mira dentro de mis cicatrices y podrás comprender mi historia...
Las cicatrices nos muestran donde hemos estado... mira dentro de mis cicatrices y podrás comprender mi historia...
domingo, 25 de mayo de 2014
Bajo la misma Estrella
“- Mira al cielo, ¿ves todas esas
estrellas? - le pregunta una madre a su hijo
-Sí las veo - responde el niño.
- Pues algunas dejaron de brillar
hace mucho tiempo – contesta la madre
- Entonces mamá… ¿Están muertas?
- Sí, podría decirse que sí, pero
alguna vez brillaron tanto y fueron tan
fuertes, que su energía sigue en el
espacio y las seguimos viendo en el firmamento… Sabes hijo, lo mismo ocurre con
las personas: Hay personas tan grandes, tan importantes y tan valiosas para
otros, que aunque hayan muerto, siempre continúan brillando en nuestros
corazones.
- El niño pensativo mirando al
cielo, susurra para sí: Abuelo, tu eres mi estrella favorita”
Este escrito está dedicado a ti
que lloras porque amas; he titulado este escrito bajo la misma estrella, por
una única razón; todo ser humano no está exento a perder a otro ser humano (unos más pronto que otros),
pero todos estamos destinados a partir o mirar partir a nuestros seres queridos,
o les duele o nos duele, pero no somos ajenos al dolor. La cruel despedida
independientemente por la causa que haya sido, deja un vacío o un sentido de
abandono. La muerte de quienes amamos nos
pone irremediablemente ante el misterio de la vida. La muerte y las situaciones
límite, nos forman a todos filósofos, y grandes pensadores; el vacío nos invita
a reflexionar sobre el sentido último de la vida… el dolor en total dimensión y
profundidad que esta palabra alcanza, posee
la noble tarea de humanizar.
Entonces diríamos que el duelo es el precio del amor, nos
duele por que amamos. Estar en duelo representa un indicador de sentimientos de
amor y apego por su maravillosa existencia. Es paradójico, incluso difícil de
entender cuando recién nos enfrentamos a estas situaciones de dolor; pero la muerte tarde o temprano, nos enseña a
vivir.
Algunas personas acostumbran
recetar tiempo para sanar o curar las heridas que provoca el dolor de la
despedida. “No es que el tiempo todo lo cure, pero nuestro corazón si vive de
manera distinta los diferentes momentos” (Bermejo, 2005). Por lo que podemos
deducir, que al final de cuentas, el tiempo resulta ser un buen compañero de
vida, como bien lo menciona Bermejo en su libro “Estoy en Duelo”:
Puedes elegir esconder, privatizar o negar
tu dolor, o por el contrario, lo socializas, lo compartes, lo expresas y lo
aprovechas para la búsqueda del sentido de vivir. No es lo mismo perder a un
hijo que perder a un padre, aunque en todos los casos “el dolor duele”.
Deseo que quienes pretendan
pronunciar alguna palabra de aliento a quien cultiva el recuerdo de un ser
querido en su mente y corazón, encuentren más inspiración en la escucha que en
el deseo de consolar. Que dediquen cuando sea necesario el tiempo para exclusivamente
escuchar.
Acompañar, escuchar, abrazar,
recordar y ayudar en el duelo con la intensión de reinstalar dentro de sí
mismos a los seres queridos, brindándoles una presencia interna, y con esto poseer
todo el brillo y encanto de una
estrella.
Deseo que todo profesional que se
dedique a la hermosa tarea de acompañar, posea la profunda quietud amorosa para
realizar su tarea con especial sabiduría del corazón a quienes, (incluyéndome
en la lista), sufrimos al perder. Como terapeuta, pero en primer lugar como
sobreviviente al dolor por la pérdida de un ser querido, decidí formular estas
palabras cuando una noche en silencio miraba al cielo eligiendo la estrella más
bella; enseguida observé como otra persona elegía la misma, era la estrella más
brillante y la más hermosa en aquel firmamento, no podía poseerla sólo para mí
o pagar derecho de exclusividad (aunque así lo quisiera), fue cuando entendí
que no importaba mirar y soñar con la misma estrella si la ruta, destino y
significado eran nuestros seres queridos. En nuestro corazón la representación
era distinta; en mi corazón la estrella
representaba la alegría por la vida y la esperanza del reencuentro con mi
hermano y para la otra persona a mi lado, significo la guía y orientación de su
padre… todo bajo una misma estrella.
Creo y he vivido fielmente, la
sorprendente capacidad que posee el ser humano para superarse y aprender a amar
de nuevo la vida. “Quiero pensar en el dolor sin negarlo, sin dulcificarlo,
pero también sin reducirlo a una experiencia oscura y sin salida” (Bermejo,
2005). Vivir con ellos de otra manera, seguir amando, seguir disfrutando y
seguir recordando. “Algunas veces nuestra luz se apaga y es reavivada por la
chispa de otra persona. Cada uno de nosotros tiene un motivo para pensar con
profunda gratitud por aquellos que han encendido esa flama dentro de nosotros”
(Albert Schweitzer)
Aceptar este principio de vida y muerte, nos invitan a vivir cada relación con más intensidad; a decir y demostrar tantos te quiero como debemos, a vivir a plenitud y apreciar el gran valor de la calidez de un hogar en unión de sus miembros, del abrazo sincero, de la sonrisa amable y de un TE QUIERO.
Aprendemos a observar como las banalidades del mundo (dinero,
lujos, fama y poder) pierden su valor y efecto al borde de la muerte, y son los
pequeños grandes momentos quienes recobran un invaluable valor. En mi cielo siempre
brillará una estrella, ¿cuánta luz hay en tu cielo?
Comenta la Dra. Elizabeth Kubler Ross: "Las
personas son como los vitrales. Brillan cuando el sol está afuera, pero cuando
la noche se instala, su verdadera belleza se revela sólo si hay una luz desde
dentro".
Lo cierto es
que no podemos dar una fórmula exacta o acciones concretas para superar un
duelo, cada quién tiene su tiempo y marcha a su propio ritmo, y no a todos les
funcionan las mismas cosas. Sin embargo, podemos brindar algunas
recomendaciones que puedan acompañar tu proceso.
- Date permiso para estar en duelo, no lo evadas, no lo reprimas, esconderlo por un tiempo solo ocasionará que se manifieste tiempo después, y el apoyo de la gente lo tienes ahora.
- Date permiso para sentir dentro de ti el dolor, no detengas tus emociones, déjalas salir.
- Date tiempo y el espacio que consideres necesario para disponerte a sanar, tendremos días buenos, y días no tan buenos, habrán recaídas, sé amable, compresivo y generoso contigo mismo, trátate con profundo amor.
- Sé paciente contigo mismo, aunque las emociones que vives y experimentas hoy, son intensas, recuerda que son emociones pasajeras y aunque parezca que han hecho casa en ti, algún día deben partir.
- Aplaza las decisiones importantes, no es conveniente decidir mientras no hayas elaborado adecuadamente la pérdida.
- No descuides tu salud, aliméntate y duerme bien, cuida tu cuerpo.
- No te auto mediques, si tomas algún tranquilizante o medicamente específico que sea bajo prescripción médica únicamente. Tomar medicamentos para “no sentir” pueden cronificar el duelo. No existe anestesia contra las emociones, la única manera de superarlas es atravesándolas.
- Busca y acepta el apoyo de otros.
- Date permiso para descansar disfrutar y divertirte, lo ilustro mejor con la siguiente frase: “Que mi recuerdo no maten tus futuras alegrías, pero que tus futuras alegrías no maten mi recuerdo”
- Confía en tus propios recursos para salir adelante, puedes hacerlo.
Quisiera concluir mi escrito con la siguiente frase:
“Me pregunto si las
estrellas se iluminan, con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la
suya” El Principito
Que la estrella más linda del cielo cuide de ti. Un cálido
abrazo.
Bibliografía
J, Bemejo. (2015).
Estoy en Duelo. 10 ed. Madrid: PPC
viernes, 21 de marzo de 2014
Estrellas Fugaces
En algún momento en su experiencia de vida, tal
vez ha tenido la dicha de mirar al cielo y observar a una estrella fugaz. Si
bien su explicación científica y racional,
supone que no son estrellas y se definen
como rocas encendidas por el roce gravitacional de la capa terrestre contra su
superficie. Popularmente se les ha denominado estrellas fugaces, y a mi criterio
me gusta mucho más esta mágica interpretación; cuando era niña, me decían que el
fenómeno sucedía cuando entonces una estrella había muerto. Ver una estrella
caer a mi percepción a tan temprana edad, era un suceso hermoso, incluso romántico,
pocos segundos son suficientes para darte cuenta, que su luz nunca había sido
tan bella como la que enciende al final de su vida.
Al reflexionar acerca de la
muerte de una estrella, tornaba triste mi semblante, inmediatamente después de mirarla
pasar con asombro e ilusión, su luz era
hermosa, pero duraba tan poco tiempo su trayectoria.
He titulado mi escrito estrellas fugaces, en
honor a los hijos que se han despido de manera fugaz de este mundo, porque la
luz proyectada durante su existencia ha sido hermosa, pero su trayectoria muy corta. Este un espacio dedicado
especialmente para sus padres quienes han vivido la despedida de una estrella y
han visto alejarse la luz de sus vidas.
Creo importante destacar que no he vivido en mi
experiencia personal la pérdida de un hijo, pero he vivido y observado la
pérdida que mi madre sufrió al despedir a nuestra estrella fugaz (mi hermano).
No es lo mismo, lo sé, son dolores distintos, en una misma sintonía, frecuencia
y compatibilidad en el tiempo, pero el sentir de perder a un hijo vrs el sentir
de perder a un hermano, es muy distinto. Tal vez lo que yo logro interpretar
como su dolor, no sea la magnitud exacta, tal vez y me quedo corta, pero suyos son todos mis esfuerzos por intentar comprender
y entender, las implicaciones emocionales experimentadas al perder a un hijo (a).
Me gustaría mostrar con esto mi apoyo incondicional a todo padre y a
toda madre que ha vivido la dolorosa experiencia de despedir una estrella. De
una u otra manera espero mi escrito les sea de ayuda para seguir adelante en este
difícil camino de dolor, denominado duelo.
Día a día, padres y madres despiertan
preguntándose ¿cómo seguir adelante a pesar del dolor experimentado por la
muerte de su hijo (a)? A diario te
preguntas ¿Cómo seguir viviendo cuando una parte de ti se ha marchado tan
pronto? Sobrevives al tiempo, a las situaciones, sobrevives al trabajo, a la familia, a las
relaciones, y de manera casi automática sin ser consciente del paso del tiempo,
sobrevives a la vida. Alguna vez leí que la muerte de un hijo no es un
acontecimiento, es un camino indescriptible de supervivencia.
Cuando pierdes a un hijo (a), la vida parece
haber perdido en su totalidad, el sentido para ser vivida; todo a su alrededor
pierde la magia y el color; lo que antes pudo estallar en una carcajada para
ti, hoy no alcanza ni para hacerte sonreír. Perder a un hijo (a) es perder una parte de ti, que vino de ti, que vivió en
ti… perder a un hijo (a) es perder gran parte de tu vida.
Lo cierto, es que este escrito no debía de
haber existido, porque nadie debería de conocer el dolor de perder a un hijo (a).
No parece natural que los padres despidan a sus hijos, no es el ciclo de vida
que esperamos para los nuestros. “La muerte de un hijo es considerada en todas
las culturas un hecho antinatural, una inversión del ciclo biológico normal, y
por eso racional y emocionalmente inadmisible. Es clásico mencionar que ni
siquiera existe una palabra, equivalente a huérfano o viudo, que nombre a los
que penan a un hijo (a) muerto. Nombrar, desde el punto de vista simbólico del
lenguaje es sinónimo de tener control sobre lo nombrado, la falta de vocablo
quizás sea la máxima demostración de que este dolor es incontrolable,
inimaginable y que está absolutamente fuera de todo control” (J. Bucay, s.f.).
Al comenzar a caminar como diría J. Bucay el
camino de las lágrimas, descubres que nunca
nos habríamos podido preparar para los sentimientos experimentados tras
una perdida, y mucho menos si esa pérdida se trata de un hijo (a); aunque nos consolamos con la idea de que siempre
habrá, un pedacito de cielo en nuestro hogar.
Deseo dar a conocer la experiencia de un padre,
quién ha escrito unas palabras tituladas: el dolor sólo se supera con amor (al
final del documento adjunto el link, en caso de que deseen leer el escrito
completo), detallo las frases que más impacto generaron en mí, por su capacidad
de reevaluar su experiencia de dolor, encontrando un significado de vida. Destaco
de su escrito cuatro hermosos y valiosos párrafos, espero encuentren en ellos
como yo, la riqueza que sus palabras encierran:
“En estos últimos meses he aprendido
a llorar, a sentirme mal; he aprendido que el dolor es tan fuerte que lo notas
en el pecho, junto al corazón, que apenas te deja respirar. He aprendido a
recordar momentos a los que en su día no les dí más importancia pero ahora
recobran su auténtico valor.
También sé que los recuerdos son
como los vamos construyendo y que igual se alejan poco a poco de la realidad,
pero seguirán siendo mis recuerdos y mi verdad.
Como si fuera un libro de
sentencias, recuerdo sus frases y descubro la sabiduría que encierran. Y yo que
pensaba que éramos los padres los que enseñábamos a los hijos; hoy sé que no es
así, que nosotros les educamos y ellos nos educan a nosotros también, nos van
enseñando a mirar la vida de una manera diferente, sin tanto prejuicio, con la
mente mucho más abierta.
Pero lo más importante que he
aprendido es que el dolor no se supera con más dolor, ni con odio, ni con
angustia, ni con apatía, ni con cerrar los ojos y dejar de mirar. Sólo hay una
cosa que te ayuda a superar el dolor y esa cosa es el amor. Ahora sé que amo
mucho más que antes”.
El duelo por la pérdida de un hijo (a), no
llega a sanar del todo un corazón, pero mejora la frecuencia, la intensidad de
las emociones experimentadas en el duelo. Lo que sucede es que aprendemos a
vivir con ellos de otra manera. “El dolor
sólo se supera con amor”; de manera
breve comparto una pequeña metáfora, que ilustra las sabias palabras de este
padre de la mejor manera:
-“Un médico sabio dijo una vez, la mejor
medicina es el amor y los cuidados”,
-Entonces, alguien le pregunto: ¿y si no
funciona?,
-Él médico sonrió y contesto: “aumenta la
dosis.”.
Recordemos que el AMOR es la única medicina que
cura en forma milagrosa a todo ser viviente. Cuando alguien está atravesando un
momento difícil, por lo general nuestro instinto es querer darle la solución
que a nosotros nos ha ayudado. Lo cierto es que no podemos dar una fórmula
exacta o acciones concretas para superar un duelo, cada quién tiene su tiempo y
no a todos les funcionan las mismas cosas. Si bien es un atributo positivo querer asistir
a otros, parte de nuestra propia transformación es volvernos más sensibles para
saber cuándo es momento para dar un consejo, o cuándo es mejor guardar silencio
y escuchar.
Una madre sobreviviente al dolor por la pérdida
de su bebé, escribió en un blog una carta titulada: Querido Duelo (adjunto link
al final del documento para quienes deseen profundizar en tan hermoso escrito),
destaco de estas sentidas palabras lo
siguiente:
“Querido duelo, nunca te permitiría
que hagas de mi bebé lo peor que me pasó. Ella no merece tener una mamá
sombría, ella no merece ser recordada entre un mar de lágrimas. Porque mi hija,
es lo MEJOR, que me pasó en la vida, por eso hoy, le regalo una madre fuerte,
que sonríe con calma y paz al pensarla, que la puede traer de nuevo a la vida,
todos los días al recordarla”.
Al perder a una estrella, experimentas un
profundo e indescriptible dolor, una luz
en ti se apaga, una luz murió. “El dolor de los que hemos perdido a un ser
querido es incomparable, intransferible y, aunque intentemos expresarlo de
todas las formas posibles, siempre nos quedaremos con la sensación de que las
palabras no llegan, no alcanza, no bastan. En realidad es así: una expresión
verbal jamás tendrá la profundidad de todos nuestros sentimientos; tendríamos
que inventarnos palabras nuevas para esa situación totalmente nueva que nos
está desgarrando por dentro” (Angie Carmelo, Déjame Llorar). Sin embargo la
capacidad que posee el ser humano para sobre ponerse al dolor, superarse y
aprender a amar la vida de nuevo, es sorprendente.
Con el tiempo, te percatas que aunque su
presencia física ha dejado de existir, el amor trasciende la muerte, y en tu
corazón, en tus recuerdos, tu ser querido comienza a vivir. Te percatas que ha
vuelto a ti, que se ha quedado muy dentro, allí en tu corazón y es donde
entonces revelas que nunca se fue del todo, que solamente te acompaña de una
manera distinta. Ahí dentro de ti, hizo
su casa, tal como la primera vez, pues desde su concepción, ten presente que tú
siempre fuiste su casa. Ellos viven en ti, en tu mente, en tus recuerdos, en tu
llanto, en tu risa, en tu mirada, en tus gestos, pero más aún en tu corazón…
esa es la habitación preferida de tu cuerpo (su casa, su verdadero hogar).
Maribel, mamá de un ángel en el cielo, comenta
un artículo en la web titulado: La pérdida de un hijo, el amor incondicional. En
su comentario describe con sus propias palabras un suceso maravilloso, de
indescriptible valor que no puedo ni debo pasar por alto de compartir:
“Me di cuenta que la muerte ya no
importa, no me aleja tanto de ti como temía cuando te perdí; es cierto, mis
ilusiones ya no son las mismas, ni mi sonrisa, ni mi forma de ver el mundo.
Pero su recuerdo me da la fuerza para manifestar las cosas que realmente son
importantes, para transmitir que es mejor amar lo que haces y encontrarle el
lado positivo a lo que te encuentras en tu camino. A buscar un día a día mucho más
limpio”.
Me parece importante enriquecer mi escrito con
experiencias reales de trasformación y crecimiento vividas por madres y padres
quienes miraron su estrella fugaz - pasar. Me complace compartir la experiencia
del matrimonio de Julie, quién perdió su bebé a unas pocos días antes de nacer.
“Mi esposo y yo somos desde este día,
personas muy diferentes, vemos la vida muy distinta. Aún sufrimos, pero
entendimos que el dolor no se irá, pues vivimos la experiencia más dolorosa que
se puede vivir en este mundo: el perder a un hijo; pero estamos aprendiendo a
vivir con el dolor.
Es un ángel que Dios nos mandó para
que lo criáramos esos 9 meses con amor infinito - como el que le dimos, y fuera
un ángel muy bien preparado, y sabemos que con nuestro hijo a lado de Dios, el
cielo es más cielo”
Como bien lo menciona, Elisabeth Kubler – Ross (escritora
y pionera especialista en el tema de duelo y pérdida), es muy difícil aprender
a volver a tomar parte activa en la vida cuando perdemos a alguien a quien
amamos. Pero únicamente eso, dará un sentido a la muerte de nuestro ser
querido.
Concluyendo mi escrito me dirijo a todo padre y
madre que se encuentre atravesando una experiencia de dolor tan marcada como la
pérdida de un hijo (a). Y desde mi ser con amor y profundo respeto les envió un
abrazo fuerte y cálido; recuerden no están solos, solo les acompañan de una
manera distinta. Espero este escrito haya sido de su agrado, mi intención no
era repetir lo que la teorías o investigaciones científicas dictan acerca de
las reacciones experimentadas, mi verdadera intención es mostrarles las verdaderas
emociones que padres y madres en diferentes partes del mundo manifiestan al
despedir a una estrella y cómo a pesar de su dolor, deciden continuar. Un aplauso
para todos estos guerreros y guerreras, sobrevivir al dolor día con día y
encender el amor por la vida, es de valientes.
Finalmente me despido con una hermosa frase:
“Yo también
he mirado al cielo, buscando su sonrisa.
Yo también he esperado una gota de lluvia que me anuncie que ellos siguen ahí.
Yo también sobrevivo a esa sensación, a ese dolor, a ese vacío.
Yo, al igual que tú, tengo un ángel que desde el cielo, no deja de rezar por mí”
Yo también he esperado una gota de lluvia que me anuncie que ellos siguen ahí.
Yo también sobrevivo a esa sensación, a ese dolor, a ese vacío.
Yo, al igual que tú, tengo un ángel que desde el cielo, no deja de rezar por mí”
(Anónimo).
PD: consulten nuestra referencias bibliográficas,
pueden ser un buen acompañamiento.
Referencias
María Cecilia (2013). Querido Duelo, Blog Mirar
al Cielo.
Recuperado de: http://miraralcielo.net/2013/08/24/querido-duelo/
Recuperado de: http://miraralcielo.net/2013/08/24/querido-duelo/
M, Sariñena. (2013). La pérdida de un hijo, el
amor incondicional. Artmemori.
Recuperado de: http://ayudaenduelo.artmemori.com/la-perdida-de-un-hijo-el-amor-incondicional/
Recuperado de: http://ayudaenduelo.artmemori.com/la-perdida-de-un-hijo-el-amor-incondicional/
Julie (2014). El cielo es más cielo, Blog
Mirara al Cielo.
Recuperado de: http://miraralcielo.net/2014/02/17/comparte-el-cielo-es-mas-cielo/
Recuperado de: http://miraralcielo.net/2014/02/17/comparte-el-cielo-es-mas-cielo/
Meli. (2013). El dolor sólo se supera con amor.
Centro de atención al duelo.
Recuperado de: http://www.comoafrontarlamuertedeunhijo.es/index.php/diciembre-2012/testimonio-de-un-padre-en-el-cuarto-aniversario-de-la-perdida-de-su-hijo
Recuperado de: http://www.comoafrontarlamuertedeunhijo.es/index.php/diciembre-2012/testimonio-de-un-padre-en-el-cuarto-aniversario-de-la-perdida-de-su-hijo
J, Bucay. (s.f.). La pérdida de un hijo.
Recuperado de: http://www.luzdelalma.jetband.com.ar/revista29/pagina2.htm
Recuperado de: http://www.luzdelalma.jetband.com.ar/revista29/pagina2.htm
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